Amé
hasta las clavículas de tus tías
y es lo único que importa.
Formas Migratorias (1979).
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jueves, 24 de enero de 2013
martes, 24 de julio de 2012
martes, 10 de julio de 2012
Anuncios Clasificados 1
Rento departamento en un 4to piso,
propicio para estas 3 clases de
clientes:
recién casados,
dipsómanos de buró
y solterones irremediables.
Garantizamos un televisor anestésico
y la ausencia de luz solar en su única
recámara
que es caja de cerillos o gaveta de
morgue.
Formas Migratorias (1979)
Formas Migratorias (1979)
lunes, 9 de julio de 2012
Diurno y Nocturno para el abuelo difunto
Cuando acabó de morir mi abuelo
murieron tantas cosas y otros quedamos
agonizando:
se dejó de pronunciar con todo el deje del exilado
en su propia tierra
un paisaje
los nombres de Terrabona,
San José de las Papayas, Las Palomas...
Cuando se desorbitaron sus ojos ciegos de luz
y se le chorrearon dos lágrimas hacia las orejas,
acaso estaba
divisando a
sus padre.
Cuando el pulgar se desgobernó,
No hubo más vaivén de vals ni brinco de fox trot.
Cuando ya no hubo pulsación
Se reventaron las cuerdas del violín de tío Pablo...
Pasaron raudos los mostachos del General Zelaya,
El cadáver de Benjamín Zeledón arrastrado por un yankee
a caballo...
Cuando cesó aquel hervor, aquella flema entre pecho
y garganta
también expiró Juan Margarito,
su hermano adolescente y seminarista
víctima de tisis
quedando tendido como una azucena viril
Se borraron las caras de sus primas Masis,
Que habían sido más bellas que un cromo
Cuando la nariz y el mentón se perfilaron, el perfil
Se llevó en el alma a Don Laureano, Dionisio,
Silverio,
Napoleón, Carmela, María Elia...Todos sus
hermanos...
Cuando se estiró, cuando alargó los fémures bien largo,
Las llamaradas del incendio de Masaya
después del bombardeo
Empezaron a descender hasta las chispas y
crepitaciones...
Cuando se durmió,
despertó el nieto —preso del encanto—
recitando los versos de Darío con que lo dormía:
recitando princesas, hadas, describiendo caballos
con alas,
bufones escarlatas,
buscando barbas de armiño...
Cuando dobló la cabeza a la diestra
no repicaron jamás las campanas fragantes al
primer incienso
y mezcladas con armonio y cánticos.
Cuando acabaron de amortajarlo
Mi madre y las tías no sabían
Qué hacer con las llaves de su cofre, del ropero
Y rápidas, como quien se quita
una brasa,
Decidieron que se las llevara en el pantalón
El manojo metálico se fue con él de este infierno al
purgatorio o
al cielo...
Cerrando para siempre, condenando las gavetas,
las puertas y ventanas,
La casa del mundo;
todas las abiertas maravillas que era el abuelo.
2.
Peor que la hora de morir
u otra hora de morir
fue
la hora de hacer viaje al panteón. 4 pm.
Era como echarlo de su propia casa,
como irlo a tirar, a botar al basurero,
haciéndonos los llorosos y los serios
vestidos de luto, trajes y corbatas,
cuando esta casa
de la calle La Libertad
es su casa,
su sillón, su mesa y su tablero,
su mujer, mi abuela —una libanesa grande y recta—,
su mujer
de toda la vida y ahora de toda la muerte,
más larga al parecer que la propia existencia
o como otra prolongación de la existencia...
Sus hijos e hijas, todos los suyos.
Lo que soy yo no acepto dejarlo aquí, abuelo.
Imposible que lo abandone
en este lote del cementerio;
aunque tenga compadres y amigos muy cerca:
Hacia Catarina vive don Pedro López,
Desde aquí se divisan restregándose
contra el crepúsculo sus cocoteros.
Lo mejor que podemos hacer
es regresar a la casa, abuelo.
Están borrachos los sepultureros.
(Tras la mantilla está muy pálida la abuela...)
Ya está oscureciendo:
Paremos un taxi,
que los coches de caballos no suben hasta aquí.
Si me voy solo me puedo caer
y raspar las rodillas por las rampas
Nos pueden seguir y ladrar los perros...
me puedo perder, abuelo.
Acuérdese cuando
Regresábamos en las últimas tardes de octubre
después de ordenar la limpieza y pintura de los deudos.
Juguemos que voy a negar o ignorar que está muerto
me declaro y abro su hoyo: soy como su tumba
ambulante.
En mí lo llevo, en mí lo salvo, abuelo.
Vamonos andando, abuelo.
3.
El mudito aquel, enano y viejo
con su antigua gorra de pelotero
pala al hombro
y sondaleza en mano
(como todas las tardes en el pueblo)
presidió también su entierro.
Yo lo vi subir la primera,
la segunda y la última rampa de piedras
con su caminado de Charles Chaplin.
Todo chapín. Chapinecos
sus caites, sus pies de lodo seco,
más que pies son como patas,
cascos de algún animalito
practicante de la misericordia.
Este mudo es una brújula que me deja norteado.
Cuándo podré desorientarme.
Hacia donde tire daré en el blanco:
Me dice que esta es mi Fosa
O si quiero nuestra Cuna Común sin remedio.
4.
La noche del segundo día de su funeral
llovió inesperadamente
Sobre la noche de Masaya.
Ya se habían apagado las lámparas de la sala.
Las bujías del corredor.
A oscuras los aposentos.
Empezaron a caer unas cuantas gotas gruesas, primero.
Después, el aguacero
violento.
Yo dejé la cama de mi infancia.
Y me tiré al patio para que no se remojara solo.
Era su primer agua allá
bajo de la
tierra.
Era su primer agua
entre los
muertos.
Y lo sentí tan desvalido, tan niño,
tan nieto mío con sus 82 años acurrucado y despierto, (que
le escuché diciéndome;
—Abuelo, me cruzo a tu cama, tengo miedo...
Ahora era yo tu abuelo y tenía que ver cómo te libraba
de tu primer agua en la tierra, de tu primer lluvia entre
los muertos.
Yo sé que de nada sirve contarle
esto, que no consigo nada.
Pero le cuento
no estuvo solo en su primer agua en la tierra,
en su primer agua
entre los
muertos.
5.
Hay cosas que no le he preguntado ni le he dicho
y sería bueno hablar o responder, por ejemplo:
—Qué pasó con su corazón, don Pancho Castillo
Masis ?
Estábamos claros que padecía del Mal de Parkinson,
Y todas las complicaciones motoras y de arteriosclerosis
que esto traía además de los 82 años encima
—Pero qué pudo pasar con su corazón, padre?
Si era lo único que en medio de aquel desastre
Estaba bueno y activo
Porqué en una siesta de tantas cesó
de
latir
Cuando Vd bien sabía que esa recia circulación de su
sangre
Y el sístole y el diástole
Era una forma de llamar a las puertas y que se abriera
el mundo.
—Qué pasó con su corazón, si Vd me había porfiado
que nunca le iba a fallar, que nadie puede contra tanto
amor
Y aquí ahora, aquel verso de Vallejo no es más que un
verso
cualquiera:
Tanto amor y no poder
nada...
Porqué me obligó a echarte la palada
de aquella tierra húmeda recién sacada de la tierra.
Porque me demostró que allí donde linda el ser que
es el cuerpo:
El pulgar, el dedo gordo del pie
con su saliente óseo de
juanete,
Las palabras: Nada, Nunca, Se acabó, hasta aquí llegó
son más que
palabras.
Cómo me hizo eso a mí, sabiendo que soy el más flaco,
sentimental e inseguro de sus nietos
un pobre loco de anteojos, en quien nadie va a creer
nunca
Me lo hace a mí, el último en crecer de sus rótulas
Y el primero que a falta de padre
se agarró del ruedo de tus pantalones.
De nada sirvieron aquellos días feriados
yo jineteaba su pierna con mi pijama y mi bostezo
Cabalgando a los latifundios del "Trabuco",
a unas heredades infinitas e inexistentes
como un cielo verde y un campo celeste
Entonces todo era fresco y
fértil
junto a Vd,
Como la trompa de un ternero
Como ese aliento tibio y humoso de las 6 a.m. del Génesis
No tiene derecho de formar entre los muertos.
Hoy, veintitantos años después, en qué estado estará.
Sólo el frontal acaso desfondado,
Qué restos suyos me quedan, acaso su cadáver
ya ni siquiera despida el tufo
que confirme que fue humano, excesivamente humano.
Por eso le digo, en mí lo llevo, en mí lo salvo, sintiendo en carne viva Una fluida corriente de dolor
canino.
México, Masaya, Managua, 1979—2001.
murieron tantas cosas y otros quedamos
agonizando:
se dejó de pronunciar con todo el deje del exilado
en su propia tierra
un paisaje
los nombres de Terrabona,
San José de las Papayas, Las Palomas...
Cuando se desorbitaron sus ojos ciegos de luz
y se le chorrearon dos lágrimas hacia las orejas,
acaso estaba
divisando a
sus padre.
Cuando el pulgar se desgobernó,
No hubo más vaivén de vals ni brinco de fox trot.
Cuando ya no hubo pulsación
Se reventaron las cuerdas del violín de tío Pablo...
Pasaron raudos los mostachos del General Zelaya,
El cadáver de Benjamín Zeledón arrastrado por un yankee
a caballo...
Cuando cesó aquel hervor, aquella flema entre pecho
y garganta
también expiró Juan Margarito,
su hermano adolescente y seminarista
víctima de tisis
quedando tendido como una azucena viril
Se borraron las caras de sus primas Masis,
Que habían sido más bellas que un cromo
Cuando la nariz y el mentón se perfilaron, el perfil
Se llevó en el alma a Don Laureano, Dionisio,
Silverio,
Napoleón, Carmela, María Elia...Todos sus
hermanos...
Cuando se estiró, cuando alargó los fémures bien largo,
Las llamaradas del incendio de Masaya
después del bombardeo
Empezaron a descender hasta las chispas y
crepitaciones...
Cuando se durmió,
despertó el nieto —preso del encanto—
recitando los versos de Darío con que lo dormía:
recitando princesas, hadas, describiendo caballos
con alas,
bufones escarlatas,
buscando barbas de armiño...
Cuando dobló la cabeza a la diestra
no repicaron jamás las campanas fragantes al
primer incienso
y mezcladas con armonio y cánticos.
Cuando acabaron de amortajarlo
Mi madre y las tías no sabían
Qué hacer con las llaves de su cofre, del ropero
Y rápidas, como quien se quita
una brasa,
Decidieron que se las llevara en el pantalón
El manojo metálico se fue con él de este infierno al
purgatorio o
al cielo...
Cerrando para siempre, condenando las gavetas,
las puertas y ventanas,
La casa del mundo;
todas las abiertas maravillas que era el abuelo.
2.
Peor que la hora de morir
u otra hora de morir
fue
la hora de hacer viaje al panteón. 4 pm.
Era como echarlo de su propia casa,
como irlo a tirar, a botar al basurero,
haciéndonos los llorosos y los serios
vestidos de luto, trajes y corbatas,
cuando esta casa
de la calle La Libertad
es su casa,
su sillón, su mesa y su tablero,
su mujer, mi abuela —una libanesa grande y recta—,
su mujer
de toda la vida y ahora de toda la muerte,
más larga al parecer que la propia existencia
o como otra prolongación de la existencia...
Sus hijos e hijas, todos los suyos.
Lo que soy yo no acepto dejarlo aquí, abuelo.
Imposible que lo abandone
en este lote del cementerio;
aunque tenga compadres y amigos muy cerca:
Hacia Catarina vive don Pedro López,
Desde aquí se divisan restregándose
contra el crepúsculo sus cocoteros.
Lo mejor que podemos hacer
es regresar a la casa, abuelo.
Están borrachos los sepultureros.
(Tras la mantilla está muy pálida la abuela...)
Ya está oscureciendo:
Paremos un taxi,
que los coches de caballos no suben hasta aquí.
Si me voy solo me puedo caer
y raspar las rodillas por las rampas
Nos pueden seguir y ladrar los perros...
me puedo perder, abuelo.
Acuérdese cuando
Regresábamos en las últimas tardes de octubre
después de ordenar la limpieza y pintura de los deudos.
Juguemos que voy a negar o ignorar que está muerto
me declaro y abro su hoyo: soy como su tumba
ambulante.
En mí lo llevo, en mí lo salvo, abuelo.
Vamonos andando, abuelo.
3.
El mudito aquel, enano y viejo
con su antigua gorra de pelotero
pala al hombro
y sondaleza en mano
(como todas las tardes en el pueblo)
presidió también su entierro.
Yo lo vi subir la primera,
la segunda y la última rampa de piedras
con su caminado de Charles Chaplin.
Todo chapín. Chapinecos
sus caites, sus pies de lodo seco,
más que pies son como patas,
cascos de algún animalito
practicante de la misericordia.
Este mudo es una brújula que me deja norteado.
Cuándo podré desorientarme.
Hacia donde tire daré en el blanco:
Me dice que esta es mi Fosa
O si quiero nuestra Cuna Común sin remedio.
4.
La noche del segundo día de su funeral
llovió inesperadamente
Sobre la noche de Masaya.
Ya se habían apagado las lámparas de la sala.
Las bujías del corredor.
A oscuras los aposentos.
Empezaron a caer unas cuantas gotas gruesas, primero.
Después, el aguacero
violento.
Yo dejé la cama de mi infancia.
Y me tiré al patio para que no se remojara solo.
Era su primer agua allá
bajo de la
tierra.
Era su primer agua
entre los
muertos.
Y lo sentí tan desvalido, tan niño,
tan nieto mío con sus 82 años acurrucado y despierto, (que
le escuché diciéndome;
—Abuelo, me cruzo a tu cama, tengo miedo...
Ahora era yo tu abuelo y tenía que ver cómo te libraba
de tu primer agua en la tierra, de tu primer lluvia entre
los muertos.
Yo sé que de nada sirve contarle
esto, que no consigo nada.
Pero le cuento
no estuvo solo en su primer agua en la tierra,
en su primer agua
entre los
muertos.
5.
Hay cosas que no le he preguntado ni le he dicho
y sería bueno hablar o responder, por ejemplo:
—Qué pasó con su corazón, don Pancho Castillo
Masis ?
Estábamos claros que padecía del Mal de Parkinson,
Y todas las complicaciones motoras y de arteriosclerosis
que esto traía además de los 82 años encima
—Pero qué pudo pasar con su corazón, padre?
Si era lo único que en medio de aquel desastre
Estaba bueno y activo
Porqué en una siesta de tantas cesó
de
latir
Cuando Vd bien sabía que esa recia circulación de su
sangre
Y el sístole y el diástole
Era una forma de llamar a las puertas y que se abriera
el mundo.
—Qué pasó con su corazón, si Vd me había porfiado
que nunca le iba a fallar, que nadie puede contra tanto
amor
Y aquí ahora, aquel verso de Vallejo no es más que un
verso
cualquiera:
Tanto amor y no poder
nada...
Porqué me obligó a echarte la palada
de aquella tierra húmeda recién sacada de la tierra.
Porque me demostró que allí donde linda el ser que
es el cuerpo:
El pulgar, el dedo gordo del pie
con su saliente óseo de
juanete,
Las palabras: Nada, Nunca, Se acabó, hasta aquí llegó
son más que
palabras.
Cómo me hizo eso a mí, sabiendo que soy el más flaco,
sentimental e inseguro de sus nietos
un pobre loco de anteojos, en quien nadie va a creer
nunca
Me lo hace a mí, el último en crecer de sus rótulas
Y el primero que a falta de padre
se agarró del ruedo de tus pantalones.
De nada sirvieron aquellos días feriados
yo jineteaba su pierna con mi pijama y mi bostezo
Cabalgando a los latifundios del "Trabuco",
a unas heredades infinitas e inexistentes
como un cielo verde y un campo celeste
Entonces todo era fresco y
fértil
junto a Vd,
Como la trompa de un ternero
Como ese aliento tibio y humoso de las 6 a.m. del Génesis
No tiene derecho de formar entre los muertos.
Hoy, veintitantos años después, en qué estado estará.
Sólo el frontal acaso desfondado,
Qué restos suyos me quedan, acaso su cadáver
ya ni siquiera despida el tufo
que confirme que fue humano, excesivamente humano.
Por eso le digo, en mí lo llevo, en mí lo salvo, sintiendo en carne viva Una fluida corriente de dolor
canino.
México, Masaya, Managua, 1979—2001.
sábado, 7 de julio de 2012
Balada de los hijos de los padres
A mis hermanos Mejía Marenco
Los hijos de los padres que amé tanto
esperaron verlos morir,
quedar con la boca abierta
como una oscura ciudad evacuada,
para venir ahora a preguntarnos
¿cómo era papá?
Para mí llevar su nombre
fue un lastre.
Nunca fui yo. Jamás dejé de ser él.
Eran una máscara,
un fantasma, una irrealidad
mientras vivieron y los vieron y los tocaron y los oyeron.
Huraños de niños, hostiles de adolescentes.
Pujaban cuando nos veían aparecer en el umbral de su casa.
Nos negaron el habla y el saludo.
Se hacían los que nos desconocían.
No entendían porqué conversábamos durante horas
y horas tan acaloradamente.
La vana, ociosa pasión por unos libros,
un óleo sobre tela: la moza del turbante...
La obesa cantante de ópera era un globo
que ascendía y ascendía
en la líquida claridad de una noche de diciembre.
Qué efusión al evocar la escalinata de un museo,
ante los dibujos de García Lorca
como una enredadera en
una pompa de cristal o de sueño.
El ángel de un verso no era un ángel
sino un verso, el sentido
que son cinco sentidos en un poema
más que ver, oír, oler, gustar y tocar.
Una partitura, una musa parturienta, un parque con un vuelo
rasante de palomas en una luz al atardecer, auroral
una partida en la que podía partirse la vida
o partirnos la madre...
Se instalaba el Verbo en la sala, en la rueda de amigos,
en la mesa redonda y el Verbo estaba en Dios
y Dios tronaba y aquello era un circo,
el cofre de un mago, la amargura de un payaso,
el traspié de un equilibrista,
el salto mortal de otro trapecista,
la locura, aquel aquelarre en la miseria.
Llegábamos a aumentar el déficit:
donde no había ni un litro de leche,
emergía por obra de magia un galón de whisky.
El reproche de los jóvenes,
cómplices entre sus primos y compañeros de clases,
desaprobando, señalando con el índice,
haciendo muecas en silencio,
riéndose del ridículo que saben hacer tan bien las personas
mayores.
Esperaron verlos morir.
Esperaron que se marcharan al otro mundo,
que cruzaran el río turbio.
Esperaron tener la certeza de que ya no los podían
escuchar, saber que estaban sordos,
más sordos que la tapia
de piedra y cal del cementerio,
para empezarles a gritar que los amaban, que los
necesitaban,
que sin ellos la imaginación en casa era como una perra de
tetas flácidas,
que ellos fueron lo mejor que les ocurrió en su existencia.
Si no hay difuntos malos, el mejor poeta siempre es el muerto.
Pero sólo muerto.
Ahora hasta nos quieren, vienen a querernos mis hermanos,
los hijos de los padres que amé tanto.
[Managua, junio de 1998]
viernes, 6 de julio de 2012
Visa para escuchar a Pink Floyd
De pronto, abro una antología que iba a leer
y se me resbala y salta.
La foto de Eddie/ tamaño pasaporte
acaso con la que alguna vez solicitó visa para un viaje
o para un vuelo en vertical
ascendiendo nubes
tomando altura
Mi compañerito de bachillerato,
buen alumno en matemáticas, física y quimica,
con las que yo nunca pude.
Él subió con sus padres al estrado del Colegio
a recibir el diploma y el anillo de graduación.
Novio de Camen María
que no fue novia mía por que me daba pereza hablarle
y prefería ir me a conversar de literatura
y beber ron o cerveza con Cajina-Vega y Fanor.
Eddie y yo celebramos una vez más mi cumpleaños solos
Bebiendo tintos españoles
en las verbenas de agosto
y bailamos ebrios con unas muchachas
más alegres que nuestra alegría
Íbamos en vuelta vertical
ascendiendo sobre las nubes
a miles de pies de altura
Eddie voló al Brasil, no sé si Curitiba o Sao Paulo
Y yo viajé a México, D.F.
A mi me gustaba la música de los Beatles
y a Eddie la de Pink Floyd
Años después, en unas vacaciones me encontré con Eddie
reducido a escombros:
descalzo, gordo, con una gordura enfermiza, renegrido de sol callejero
Los jeans en harapos
acalambrado, como una ciudad o zona alambrada
peligrosa de penetrar,
llena de desolación/cargada de furia
dispuesto a levantar en vertical sobre las nubes
a un azul triste de cielo inexistente
-¿Droga, hongos alucinógenos, cocaína, psicotrópicos?
¿Quién atravesó tu barrera homeostática
y perdistes la cabeza girando al compás de Pink Floyd?
En ascenso vertical
que no aterrizastes en Managua
y fuistes a parar a Miami desde donde tuvieron que repatriarte
La tere, mi madre, quien te amaba tanto como a mí
me han contado todos los padecimientos:
citas al médico: inyecciones, pastillas....
pero nada.
Nunca consiguieron fijarte la cabeza en el cuello,
tus fugas del Hospital psiquiátrico
las temporadas en la clínica.
Desnudo en plena calle
Caminabas en pelotas muy campante
Con la frente y la nariz en alto
espantando la aldea
él de lo mas inocente.
Furias
gritos del infierno.
Cuántas veces volvía
los domingos a visitar a mi madre
Eddie me esperaba para pedirme 5 pesos:
cigarros y una COCA-COLA gigante.
Nunca olvidó mi nombre.
Nunca dejamos de conversar
otras veces me desconocía
como si no nos hubiéramos bachillerado
olvidó por completo a Carmen María
como si con la música de PinkFloyd
la hubiera raptado a un cielo rosa
a un cielo azul.
A través de nubes blancas
a través de una alta tristeza.
Alguna vez hablámos como cuando jugábamos de niños.
Con sus hermanos en el parque de Masaya...
Las venas y arterias de su cerebro
un día no soportaron la intensidad del vuelo
y reventaron
y tuvieron que internarlo en una sala de Cuidados Intensivos
Rapado regresó, no sé si muerto ya
Estuve contemplándolo:
divisándolo muchachito,
recordando cómo era el anillo de bachillerato
que yo no quise conservar
y se lo obsequié a Cecilia
El tinto español y la alegría
La bailada que dimos con el coro de muchachas que daba vuelta al mundo.
Pero esa vez no hablamos
todo fue silencio
Como si el rock de los Pink Floyd hablara
No me pidió para cigarros ni COCA-COLA
Ya te aburrirás de fumar, Eddie,
Los dedos y los dientes se te limpiarán de nicotina
porque allí donde te subió la música
(no quiero decir el Seno del Padre para no parecer cursilón)
Se te acabará la sed,
Porque allí las COCA COLA
O las PEPSI COLA son enormes de la tierra al cielo
BIG COCA COLA/BIG PEPSI COLA
Infinitamente colmada la sed/con una bebida
con una música superior a la de Pink Floyd, Infinitamente
Managua, Mayo de 2004
y se me resbala y salta.
La foto de Eddie/ tamaño pasaporte
acaso con la que alguna vez solicitó visa para un viaje
o para un vuelo en vertical
ascendiendo nubes
tomando altura
Mi compañerito de bachillerato,
buen alumno en matemáticas, física y quimica,
con las que yo nunca pude.
Él subió con sus padres al estrado del Colegio
a recibir el diploma y el anillo de graduación.
Novio de Camen María
que no fue novia mía por que me daba pereza hablarle
y prefería ir me a conversar de literatura
y beber ron o cerveza con Cajina-Vega y Fanor.
Eddie y yo celebramos una vez más mi cumpleaños solos
Bebiendo tintos españoles
en las verbenas de agosto
y bailamos ebrios con unas muchachas
más alegres que nuestra alegría
Íbamos en vuelta vertical
ascendiendo sobre las nubes
a miles de pies de altura
Eddie voló al Brasil, no sé si Curitiba o Sao Paulo
Y yo viajé a México, D.F.
A mi me gustaba la música de los Beatles
y a Eddie la de Pink Floyd
Años después, en unas vacaciones me encontré con Eddie
reducido a escombros:
descalzo, gordo, con una gordura enfermiza, renegrido de sol callejero
Los jeans en harapos
acalambrado, como una ciudad o zona alambrada
peligrosa de penetrar,
llena de desolación/cargada de furia
dispuesto a levantar en vertical sobre las nubes
a un azul triste de cielo inexistente
-¿Droga, hongos alucinógenos, cocaína, psicotrópicos?
¿Quién atravesó tu barrera homeostática
y perdistes la cabeza girando al compás de Pink Floyd?
En ascenso vertical
que no aterrizastes en Managua
y fuistes a parar a Miami desde donde tuvieron que repatriarte
La tere, mi madre, quien te amaba tanto como a mí
me han contado todos los padecimientos:
citas al médico: inyecciones, pastillas....
pero nada.
Nunca consiguieron fijarte la cabeza en el cuello,
tus fugas del Hospital psiquiátrico
las temporadas en la clínica.
Desnudo en plena calle
Caminabas en pelotas muy campante
Con la frente y la nariz en alto
espantando la aldea
él de lo mas inocente.
Furias
gritos del infierno.
Cuántas veces volvía
los domingos a visitar a mi madre
Eddie me esperaba para pedirme 5 pesos:
cigarros y una COCA-COLA gigante.
Nunca olvidó mi nombre.
Nunca dejamos de conversar
otras veces me desconocía
como si no nos hubiéramos bachillerado
olvidó por completo a Carmen María
como si con la música de PinkFloyd
la hubiera raptado a un cielo rosa
a un cielo azul.
A través de nubes blancas
a través de una alta tristeza.
Alguna vez hablámos como cuando jugábamos de niños.
Con sus hermanos en el parque de Masaya...
Las venas y arterias de su cerebro
un día no soportaron la intensidad del vuelo
y reventaron
y tuvieron que internarlo en una sala de Cuidados Intensivos
Rapado regresó, no sé si muerto ya
Estuve contemplándolo:
divisándolo muchachito,
recordando cómo era el anillo de bachillerato
que yo no quise conservar
y se lo obsequié a Cecilia
El tinto español y la alegría
La bailada que dimos con el coro de muchachas que daba vuelta al mundo.
Pero esa vez no hablamos
todo fue silencio
Como si el rock de los Pink Floyd hablara
No me pidió para cigarros ni COCA-COLA
Ya te aburrirás de fumar, Eddie,
Los dedos y los dientes se te limpiarán de nicotina
porque allí donde te subió la música
(no quiero decir el Seno del Padre para no parecer cursilón)
Se te acabará la sed,
Porque allí las COCA COLA
O las PEPSI COLA son enormes de la tierra al cielo
BIG COCA COLA/BIG PEPSI COLA
Infinitamente colmada la sed/con una bebida
con una música superior a la de Pink Floyd, Infinitamente
Managua, Mayo de 2004
lunes, 2 de julio de 2012
Señales de Alerta 2
Lejos está el amor. Muy lejos de estos
crueles edificios
Roberto Sosa.
Roberto Sosa.
Me encabrona saber que
soy dueño de incalculables
cantidades de ternura
que en este hot-dog de asfalto
hombres
asecensores y cemento
para nada sirven
y nadie necesita.
Formas Migratorias (1979)
domingo, 1 de julio de 2012
Estelas / Homenajes
Julio Valle-Castillo
Formas Migratorias (1979)
Don Julio Valle-Castillo
de los valles que yo vi es un castillo de naipes donde caben, por
ejemplo: Vallecastín, Ron Castillo, Castillito, Castillo Will, que
firma el castillo del rótulo de don Laureano Castillo, cuya tienda
era El Castillo más castillo que el de Kafka, pues allí conocí las
mancuernillas de ámbar bajo el vidrio borroso, las mismas que trae
julito bajo sus gafas de cucaracha pachorruda, con las que el niño
ve todo el mundo como disparate armónico, el niño con su paleta de
guaro que vio o me dijo Roberto Sosa, el mejor poeta nicaragüense de
Honduras (Costa Rica), y que estuvo debajo'e la cama de Rubén Darío
muriéndose: "Jure, jodido" y no le cumplió, pues se salió
con unas imagenes a su imagen y semejanza: valle, castillo, el último
modernista, ámbar y coque filli mihi.
Ernesto Mejía Sánchez
Formas Migratorias (1979)
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