Aquí duerme o sueña Casimiro Sotelo.
Nunca digan aquí está sepultado el héroe.
domingo, 4 de noviembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Ricardo Morales Avilés
Costara lo que costara, yo sólo quise
que mis días en México y en Nicaragua,
que mi docencia universitaria, y mi historia
que es tu sonrisa, mujercita mía, fueran
para los días y la vida y la historia
del Frente Sandinista. Porque, díganme
si la Revolución no es miel densa, chorreada
ámbar a contraluz -como la niña
de los ojos de la Niña - que cubre
y cura las más profundas heridas.
Materia Jubilosa (1986)
que mis días en México y en Nicaragua,
que mi docencia universitaria, y mi historia
que es tu sonrisa, mujercita mía, fueran
para los días y la vida y la historia
del Frente Sandinista. Porque, díganme
si la Revolución no es miel densa, chorreada
ámbar a contraluz -como la niña
de los ojos de la Niña - que cubre
y cura las más profundas heridas.
Materia Jubilosa (1986)
viernes, 27 de julio de 2012
Poética de Julio Valle-Castillo 5
Ivan Uriarte
V
Podemos
concluir que los temas dominantes de la poética de Julio
Valle-Castillo son la vejez y la muerte, teniendo como eje paradigmático
la ciudad de Masaya. Memento de vivos y difuntos asi como El libro de
los músicos y de los otros, conforme la incursión textual que hicimos,
nos lo confirma. Valle logra fusionar, a través de una fabulación
verbal, a veces delirante, los momentos conexos a su infancia y
ancestros con su vida personal y cotidiana, transcurrida en diversos
sitios y lugares del mundo. La gracia y el humor, desplegados
constantemente, logran mantenerse en ágil contrapunto con el tono de
íntima elegía que predomina en muchos de sus poemas.
Desde
sus primigenias Armas iniciales hasta su más reciente texto, Memento de
vivos y difuntos, Julio ha venido enriqueciendo su lenguaje y recursos
poéticos sin muestras de agotamiento alguno. Los verdaderos poetas
renuevan siempre los viejos temas enraizándolos continuamente en las
profundidades vitales del lenguaje.
jueves, 26 de julio de 2012
Poética de Julio Valle-Castillo 4
Ivan Uriarte
IV
Memento
de vivos y difuntos es un libro culminatorio que recolecta poemas no
incluidos en los poemarios publicados hasta ese momento, año 2008, con
poemas posteriores a ellos, revelándonos un amplio itinerario en su
ejecución.
Los temas principales del libro son la vejez
y la muerte, pero la vejez y la muerte en Masaya, cuyos acordes
sinfónicos mementuales suben y bajan, se entrecruzan a veces
silenciosamente hasta formar un crescendo descendente. Pero también hay
un tono personal que matiza la melodía: la infancia, la juventud, los
años mozos, las relaciones amorosas del poeta.
Los dos
primeros poemas de libro,” Álamo blanco para San Francisco de Asís,” y
“Si nos salvara una corbata celeste” recrean
festivamente su estada mexicana como estudiante universitario,
productivamente marcados entre l974 y l976, años en que escribía Formas
migratorias. El tono confesional de este franciscano-anacreóntico
primer poema (“Estoy en el D.F. y desnudo bajo la regadera, /vivo,
vital, con ganas de leer, de beber, de revolcarme con las muchachas”)
nos anuncia una visión cuestionante y cuestionadora del mundo y de las
ideas establecidas que predomina salpicando la red textual
constantemente: “… 4 de octubre fiesta de San Francisco. /Aunque yo no
creo mucho, /aunque Marx mediante, /aunque Lenin de por medio, /es la
fiesta de San Francisco de Asís”.
“Si nos salvara una corbata
celeste” marca, elegíacamente, su urgente regreso a Nicaragua porque
“quiero llegar antes/ que la muerte no me deje besar la frente de mi
padre”.
En los restantes 20 poemas, escritos en
Nicaragua, hay un intervalo que va de l979 a 2007. Así, pues, entre
“Cédula de identidad” y “Servicio Social” (textos identitarios donde la
humorada carnavalesca predomina) se instaura el tono elegíaco mayor,
mementual por así decirlo. Pero ese ritual cristiano no tiene la
solemnidad consagrada a los difuntos durante la celebración de la misa.
Es asumido como constante elegía, coral e íntima a la vez. Dos son los
poemas claves en este sentido: “Diurno y nocturno por el abuelo difunto y
“Diurno para formar entre los muertos”. En ambos poemas se juntan, la
memoria indesterrable del abuelo-padre y la evocación vívida y dolorosa
de sus amigos desparecidos. “Cuando acabó de morir mi abuelo” sentencia
el poeta en el primer poema aludido, “murieron tantas cosas y otros
quedamos agonizando”. Y a medida que el mundo se desfasaba frente a él,
la familia sufre efectos análogos que van desde el desorbitamiento de
sus ojos hasta el último momento: “Cuando ya no hubo pulsación/ se
reventaron las cuerdas del violín del tío Pablo”. Asistimos
subrepticiamente, a ceremonias secretas donde el muerto amado deviene
espiral que
envuelve concéntricamente a toda la familia con su
desaparición. Pero el verdadero memento se produce en la intimidad del
poeta, testigo ocular que no cesará de ritualizar poéticamente ese
momento-memento:” Cuando dobló la cabeza a la diestra/ no repicaron
jamás las campanas fragantes al primer incienso / y mezcladas con
armonio y cántico”. Finalmente la muerte es rechazada y los roles se
invierten: “Juguemos que voy a estar muerto/ me declaro y abro su hoyo:
soy como una tumba ambulante. /En mí lo llevo, en mi lo salvo, abuelo.
/Vámonos andando, abuelo”
“Diurno para formar entre los
muertos” se inicia autoritualmente, a modo de misa personal: “Morir
antes, primero que los amigos/ no importa si prematuramente”. Se trata
de un poema á clé, donde el nombre de los difuntos es revelado a
medias, aunque en el contexto de la poesía nicaragüense son fácilmente
detectables. Es un verdadero oficio de difuntos donde cada uno es
evocado conforme la característica que más impresionó al oficiante. Así,
entonces, desfilan: Juan Aburto, José Mendoza, Francisco Pérez Estrada,
Enrique Fernández Morales, Ernesto Mejía Sánchez, Gustavo Adolfo Páez…
Algunos
son evocados como asumiendo después de su muerte la característica
totémica con que ingresaron ya al nuevo reino: “Pérez Estrada no se
convirtió en polvo/ sino que se hizo piedra: / un dios de Ometepe y
Zapatera/ con un jaguar o un lagarto encima de su espalda y sobre la
testa.”
Señalemos finalmente la ausencia de metáforas
tanto en este poemario como en la mayor parte su poesía. Valle-Castillo
prefiere el lenguaje figurado. De este modo hay versos admirables que
funcionan como leitmotiv o como síntesis acumulante de sentido. Así, en
“Casa de salud”, otro poema à clé, la expresión sintagmática “máscara
de cloroformo” crea un significado múltiple aplicable a la antigua
Casa de Salud que ya no es hospital ni tiene función salutaria alguna, o
bien a la paciente intemporal evocada como bajo una campana de vidrio
“esperando la máscara de cloroformo sobre el corazón”. En ambas
expresiones poemáticas “máscara de cloroformo” se desplaza y crea un
nuevo sentido, que va más allá de la metáfora o del símbolo fácilmente
detectable. En el intenso poema, ya citado, “Diurno y nocturno para el
abuelo difunto”, la red dolorosa de recuerdos, ensoñaciones y
evocaciones que se entrecruzan durante la agonía, muerte y funerales del
casi totémico Pancho Castillo Masis, el verso final da una síntesis del
dolor provocado una vez consumados los funerales:” Por eso digo, en mi
lo llevo, en mi lo salvo sintiendo en carne viva/ una fluida corriente
de dolor canino”. Dolor canino sintetiza dramáticamente, en aullido
final, la pérdida, la indeclinable ausencia del gran deudo.
Sin
lugar a dudas la presencia de la muerte domina en este poemario a
muchos niveles, pero también hay lugar para lo festivo, la ironía, la
sátira, tal como acontece en “Edicto sin validez legal”. Ese “Edicto”
reivindica la poesía y le confiere un estatus nuevo, un estatus que
está por encima de las instituciones, la historia, los dogmas y, sobre
todo, por encima de la fuerza efímera que dan el dinero y el poder:
“El Capitalismo se ha quedado sólo como un boxeador del Bronx,
y los guantes puestos
brincando y haciendo fintas ante sus fantasmas contrincante
mientras llega a su fin…
Sólo, a ti Poesía, no te pasa nada,
estas intacta, en tu mismo lugar como Troya
eternamente
destruida e inalterable
y en todas partes.”
miércoles, 25 de julio de 2012
Poética de Julio Valle-Castillo 3
Ivan Uriarte
III
Materia
Jubilosa es el poemario que corresponde al proceso histórico en el
que se gesta y produce: últimos años de la Insurrección e inicios de la
Revolución sandinista. Ubicándolo 3 décadas después, y sopesando los
textos escritos y publicados en ese mismo periodo, que va de los
poemas de Ricardo Morales Avilés a los de Leonel Rugama y Ernesto
Cardenal, Materia Jubilosa se mantiene excepcionalmente como un poemario
denso, coherente y consistente con su temática histórico social
abordada. Para decirlo de algún modo, complementa y rebasa a lo escrito
por Cardenal sobre la materia, ya que si “Hora Cero” aparece como un
poema fundador de la gesta sandinista,”Ronda Tribal para el nacimiento
de Sandino” , poema inaugural de este excepcional libro, se apareja
con aquel. Y las demás secciones que componen Materia Jubilosa, ” Estado
Mayor o friso de los hombres de Sandino”, “Relacion de la lucha y
matanza de Monimbo,” “Epitafios” y “Carga cerrada”, la complementan y
rebasan temáticamente. Hay en estos poemas de Julio un tratamiento más
directo de la lucha heroica llevada a cabo contra la dictadura
somocista, que vincula ambos momentos históricos: el de Sandino y su
estado mayor eternizado en el tiempo de la historia, señalados con
pronombres determinantes que los ubican en sus puestos de combate, con
la “Lucha y matanza de Monimbo”, con los héroes del sandinismo
emergente que al caer van dejando rastros de sangre gloriosa( “
Epitafios”) a lo largo del camino. Y esa lucha, expresada a través de
las secciones “Epitafios” y “Carga cerrada” son vivos testimonios en
primera persona, en su mayoría, pero primera persona en la que se
involucra el poeta mismo, al evocar a algún amigo caído en la lucha, el
que por un lapsus cotidiano ha olvidado,y lo trae a su memoria como si
en verdad fuera, hubiera sido, seguiría siendo su compañero de
labores. Desde su oficina le envía el “Primer memorándum de la mañana”:
A : Armando Talavera
De: Julio Valle-Castillo
Fecha: Marzo o abril de Nicaragua
ANO DE LA DEFENSA Y LA PRODUCCION
ASUNTO: decirte, hermanó, que ahora que venía
Hacia mi trabajo a ocupar mi puesto
Y acaso a llenar en algo el tuyo, me acordé de vos con un gran alegría:
Los tragos, el “Salón Azteca “, l;os pleitos,
Los tragos.
No
es posible dejar de referirse a un poema como “Ronda tribal para el
nacimiento de Sandino”, poema-teatral, concebido como tragedia griega a
escenificarse con todos los ingredientes del mestizaje y secuelas
esotérico culturales de nuestros pueblos indígenas del altiplano. El
coro ( de las madres y de las mujeres ) funciona reforzando la voz
secuencial narrativa que relaciona los hechos relativos al nacimiento
del héroe, incluyendo en el libreto un “dictado” y un “solo” de la
Comadrona. Tanto la Comadrona como las madres son las artífices que
vislumbrando que no se trata de un nacimiento común y corriente,
ritualizan su venida, preparan a la madre para que pueda felizmente
confrontar el momento, y dar luz, entre sahumerios e invocaciones a los
dioses ancestrales, al guerrero destinado a liberar a su pueblo, y
nacido en el lugar predestinado para ello: “Y si se nace en Niquinohomo:
Neck, guerrero, Nahome, valle, Valle de los guerreros”. Si Cardenal en
Hora Cero deconstruye el mito iluminatorio del héroe al ascender el
Cerro del Común, Julio deconstruye igualmente las etapas míticas de ese
nacimiento, que obedece, en su concepción, a las formas primarias del
barro en manos de alfarero:
…corren
Las mujeres de San Juan de los Platos,
De San Juan de Oriente.
Y la rondan, danzan circularmente
Y con secretos giran a su criatura,
Le dan vueltas, forma, rostro, sexo:
Moldean a la criatura desde el vientre,
Como los alfareros que todo lo saben
Y todo lo pueden con sus hábiles manos;
Como los alfareros que a torno o pulso
Puro hacen porongas, tinajas, tinajones,
Boca, dioses, voces, platos, incensarios
Perfectos, porque el Alfarero se esmera en su trabajo.
Se
trata de un pueblo donde el protagonismo lo tienen las mujeres y los
hombres quedan relegados a las sombras, hasta que nace el guerrero, con
cuyo monólogo concluye el poema, para abrirse a la gesta para la que
está destinado:
…yo que soy hijo de esta tierra
Soy toda esta tierra en pie de guerra;
Mi pecho ymi grito de combate
Los gritos de los guerreros
Y los pechos de los guerreros
Son molejón donde se afilan las furias.
martes, 24 de julio de 2012
Poética de Julio Valle-Castillo 2
Ivan Uriarte
II
Sirvan
estas líneas introductorias para incursionar en la poesía de Julio
Valle-Castillo, de cuya obra poética me ocuparé en el presente ensayo,
exceptuando El lienzo del pajaritero ( Managua,2003), poemario que
ocupa, precisamente, lugar especial en su obra poética, profundizando
mitos, danza y tradiciones de su Masaya ancestral.
La
obra poética de Valle-Castillo, de considerables dimensiones, comienza
en l977 con Las armas iniciales y recorre un amplio itinerario que
desemboca en su más recientes textos: El lienzo del pajaritero ( para
una traza de la danza, 1990-2002 ) y Memento de vivos y difuntos ,
publicado en el 2008. Preceden y anteceden a estos textos, Formas
migratorias (1979), Materia Jubilosa (l986 ) y Con sus pasos cantados
(1998 ),
amplia compilación que incluye además de sus dos
textos iniciales, los poemarios hasta ese momento inéditos : El niño
amor, contrario de si mismo y El libro de los músicos y de los otros
La
poesía de Julio Valle-Castillo, desde sus firmes primeros textos, se
ha caracterizado por una exploración constante del habla como sujeto de
productividad textual. En cada uno de sus poemarios Julio abre todos los
grifos del lenguaje, vinculando de ese modo el texto poético con los
mitos, la antropología, el folklore, la danza, el teatro, costumbres y
festividades religiosas nicaragüenses, idiolectas grupales de su país
natal y México, su segunda patria, y a su vez todo eco que en su paso de
infatigable viajero ha podido captar.
Desde esta
perspectiva nos encontramos frente a una poética donde el discurso
literario es el principio generativo de una multiplicidad de voces que
modulan constantemente la diversidad significativa del poema. Una
examen de la demarche de la obra nos indicará la dominante o dominantes
que marcan y distinguen sus textos poéticos.
Las armas
iniciales escrito entre 1968 y 1972 , título además de quijotesco,
señalador del derrotero y rumbo que tomará su poesía: enraizamiento a
la tierra ancestral, Masaya, a su familia, a sus gentes; su fidelidad
al terruño, al paisaje y la historia de Nicaragua. Cabe, finalmente,
agregar su predilección por los poetas latinos, y consecuentemente un
hondo sentido epigramático, inmerso desde su inicios en esta poética.
En este sentido el primer poema de Las armas iniciales, “Esta casa mía
es una casa en pampas”, marca y define una dominante ancestral que
funciona como eje paradigmático alrededor del cual se organizan los
diversos niveles del discurso poético.
Esta casa mía es de una claridad,
De una luz como recién salida del baño:
Sólo algunos recovecos se escapan, capean
Su penumbra con el índice de los labios.
El corredor se echa igual que perro junto al patio,
Se estira y despereza manso,
Obediente a mis bisabuelos que rigen desde sus retratos.
Y poemas como “”Salva por el General Emiliano Chamorro”
y”Poster/Blues” inician la evocación del paisaje y la historia patria.
En los primeros versos de este último texto, el viajero que ya se
insinúa en Valle, advierte:
La playa del Lago Cocibolca de Nicaragua
Tiene ese hormigueante puntillismo
Visto en las postales de Punta del Este, Acapulco y Miami.
La
última sección de ese texto inicial, “”La ponzoña mía”, es una
evocación del mundo epigramático latino, teniendo a “Catulo amigo
mío”como invitado especial:
Catulo amigo mío,
Por fin Cornelio logró sentarse a la mesa.
El hombre es el vivo retrato de las víboras,
Penetra hasta por las rendijas de cualquier recinto.
Su
segundo poemario, Formas migratorias ( México: Axel Editora, l979)
sugiere y crea el sentido del acto de migrar a la inversa, pues a la vez
que constituye el confrontamiento con la urbe de Méjico que comenzaba
su gran expansión urbana , es también una regresión constante a su
Masaya natal, como único modo de soportar el deambular por “”Escaleras
/tubos errantes y galerías”, “donde cada quien va sometido a tensiones
altas y altas presiones” “que electroputan/ que electrochingan”. Y asi,
pues, a la vez que es un descubrimiento como lo comprueban los poemas
“”Centro nocturno” , “California Dancing Club, “Señales de alarma”,
deviene y se convierte en “Dolores será un sábado de enero” donde
declara que “El frío llegó a reventarme los labios,/ el cielo de México
como trapo empapado en suciedad/ y el smog enturbiaron la ventana”.
Pero también hay sorpresas como cuando camina por la Avenida Insurgentes
:
Yo salí a comer o a la farmacia
Y en eso que me agarra el otoño
Un otoño que no era mi conocido.
Sin embargo las ramas finísimas de los
Árboles algo tenían de labios secos
Y unas hojas precarias iban
Despezuñándose por el pavimento.
Es
el poema que da título al poemario el que nos revela esa regresión
constante a la Masaya natal. Pero si bien el tono es el de un arrebato
verbal, Valle nunca cae en el lirismo vacuo o en la nostalgia como
mero sentimiento porque el humor, la salida intempestiva, la invectiva
franca, mantienen el poema y el poemario mismo a un nivel de imágenes
insólitas y novedosas :
Yo no sé qué demonios me arrebataron de estas tierras
Ni para qué Diablos me largué de aquí
Donde hasta la Zafira hace colas y ladra y gime
Al reconocer la barba de Julito, la nariz,
Las cejas, el pelo, los anteojos de Julio Alejandro Lorenzo.
………………………………………..
Amigos míos que esperan y te plantan estoques de aguardiente
Y amigos que se pasan de vivos y amigos que estiran el fémur…
Esta
procedimiento contrapuntístico es utilizado por el poeta para recorrer
la línea genealógica de sus más remotos ancestros, tal como sucede en
“”Memorias de un hombre que no fue mercachifle”. Todo el poema está
revestido de una especie de autosorna que cubre y recubre el verdadero
sentir del poeta, para no oscurecerlo con fáciles confesiones. Este
poema funciona, inclusive, como un autorretrato, y también como un
probable daguerrotipo de sus ancestros. Veamos su arranque:
Hubiera sido mejor quedarse en el pueblo haciéndole
Los honores a la raza.
La curva Libanesa de mi nariz me nace
En línea recta desde la muerte,
Desde que una pistola paisana le desbandó
Recua de mulas y vida a un bisabuelo
Cuando comerciaba en los minerales de Santo Domingo en
Chontales de Nicaragua.
Y ese autorretrato se completa con lo que hubiera podido ser el poeta, que finalmente, no le parece mal:
Yo no me habría visto mal detrás del mostrador,
Con altos estantes repletos de sedas’
Linos de Irlanda’
Poplines,
Zarazas de percal.
Casimires de Inglaterra,
Casimires holandeses,
Casimires tropicales,
Satines y driles,
Lonas y telas de Curacao,
Cortando y midiendo,
Del esternón a la punta del brazo,
Yardas y medias, cuartas y varas de manta.
Pero
hay más todavía, casi siente nostalgia y arrepentimiento de no haber
sido un próspero tendero masaya, con aires de sultán en su intimidad, un
perfecto moro Valle, casi trasplantado al califato de Granada,
habitando una pequeña alahambra, donde el sonar de las castañuelas le
anuncie la danza de los siete velos:
Allá la pasaría sin inquietudes:
Vuelvo a casa y me acuesto en la hamaca
-Como una gran alfombra de reposo –
Floja la corbata y las ligas de los brazos,
Y espero oír que lejos, que bien largo
Ella inicie su baile comience a girar sus velos,
A enredarme en la rueca o en el sueño
Al inaudible son de sus crótalos.
El
niño amor contrario de sí mismo ( l977-1979 ) es un conjunto de poemas
amorosos y carnales que se desprenden de uno de los tercetos del soneto
de Francisco de Quevedo,“Definiendo el amor”, que le sirve de epígrafe
para enmarcar esos arrebatos tan epigramáticos como somáticos:
Que el amor es perecedero, quebradizo,
Ya me lo habían dicho.
Que todo lo que dicen las mujeres cuando
Les damos por delante o por detrás, por la boca o por el oído,
Hay que escribirlo sobre las aguas y el aire,
Ya lo sabía también.
Todos
esto poemas están producidos desde una óptica muy personal,donde a la
presencia de versos que resuman el amargor de un Catulo ( “Si yo
probara tu cadáver / estoy seguro de que resucitarías” ) se entreveran
alusiones a los boleros danzones de Agustín Lara ( “Cuando miro tu
retrato”” ) o pastiches fuertemente realistas a la dulzona voz de Luis
Arcaraz ( “Me has dejado/ un sabor de puta verde”).
Valle más
que sacudir el amor, se sacude sus amores, los tira a la cama y los
rechaza o lo rechazan como en “” A pierna cerrada”; tiene pesadillas de
ser disecccionado como un “”joven buey””, o bien los evoca y contempla
como fantasmas carnales que exorciza definitivamente en el poema “Sólo
con los ojos “:
Ahora vi los tumbos cálidos de aguas
ciegas que son tus pechos sólidos.
Ahora vi tu cuerpo como el difunto
Que alejándose vuelve los ojos
Para divisar su cuerpo.
El libro de los músicos y de los otros ( 1984-1998 ), completa la
compilación Con sus pasos cantados. Es el más extenso poemario que
hasta ahora ha publicado Valle. La cita de Pessoa, “Desde mi aldea veo
cuanto de la tierra se puede ver en el Universo”, nos confirma que el
eje paradigmático alrededor del cual se continuarán organizando los
diversos niveles del discurso poético es la aldea ancestral de Masaya. A
su vez el título mismo del poemario nos reenvía a un texto capital del
poeta portugués: El libro del desasiego. Los otros, que no enuncia el
título, son los que podrían considerarse personajes típicos de Masaya:
los poetas, los locos y los borrachos, que junto con los músicos
completan la especial nómina contextual, que Valle abordará poniendo a
su vez en juego sus dotes de narrador.
Es con un
lugareño relato, “La opera”, que Valle nos presenta a una familia de
músicos, sometida al régimen patriarcal de Benjamín Romero Raudes,
maestro capilla de la iglesia principal de la ciudad. “Duo sobre la
música o canto responsorial”, siempre en prosa, nos introduce, a través
de las preguntas de un nieto al abuelo, al mundo instrumental y
repertórico de esa Masaya de atril, armonio y canto. Con una andanada
musical concluye esta incursión a la armonía de Masaya : “Äria por un
tenor”, “Concierto de Brandenburgo No 5”, “Balada de los
músicos”,”Brevísima biografía del Boom Jazz”, y “Gala de beneficencia”,
breve relato.
La sección que podríamos llamar El libro
de los poetas es la más extensa e incluye una buena sesentena de
poemas, todos ellos dedicados a la exploración y búsqueda de lo que la
experiencia poética ha sido para Julio, así como también retratos,
impresiones personales o de lectura de sus congéneres en el mundo, sea
este el polaco José Ribak, el ruso Mayakoski, nuestro paisano inevitable
Rubén Darío, el cholo Vallejo, Sor Juana Inés de la Cruz o los
norteamericanos Ezra Pound y TS Eliot. No son exactamente textos
metaliterarios ( aunque algunos el mismo los define como poemas-ensayos )
sino que también refiere hechos y experiencias que el poeta ha
confrontado en su andar por el mundo como “Balada de los hoteles” o
“Balada del incendio del metro de Londres.”
Para patentar ese
recorrido por el mundo de los poetas y lugares Valle echa mano de la
modalidad poética “balada”, y utilizándola de manera caprichosa, le
sirve como
llave de pase para abordar también sus más variadas
experiencias generales e íntimas, como “Balada de los borrachos de
Masaya”, “Balada de la sala de espera”, Balada por la muerte de
Firuliche”, “Balada del anillo”, o poemas muy personales como “Necesidad
de la pijama”. Señalemos que Valle tiene tacto, gracia y humor para
tratar hechos trascendentes como el retrato que Vásquez Díaz le hizo a
Darío en Palma de Mallorca, o “Pound en Nicaragua”. En su poema sobre
Darío a punto de posar para el pintor español ,que recuerda los
monólogos dramáticos de Browning, Valle lo cierra dándole un toque
intemporal a ese momento culminante:
Urgida de descanso la cabeza amenazada de calvicie,
Cierro la boca y doy el labio inferior al desencanto
Para que el pintor me ponga el hábito y la capucha
De los callados hijos de San Bruno.
Pero
tirivialidades personales de la vida cotidiana también las aborda con
novedad y gracia, como el poema “Necesidad de la pijama”, al que le da
inclusive un toque erótico:
Yo sé que es mejor acostarse completamente desnudo
Por las noches de estas latitudes;
Echar los brazos hacia atrás ysoltar la pierna
Para dormir a pierna suelta
Hasta el fondo. Desnudo para revolcarse con la
Prójima cuyo cuerpo resalta en la
Oscurana del sueño.
Y
respecto a otro momento trascedente personal, como el de su primera
comunión, en “Confesion con cargos”, el humor negro, casi
desacralizando ese momento, cierra el poema:
Lástima, la candela
De mi Primera Comunión no era de dinamita.
Era de cera
Virgen y no de dinamita
Para hacer volar tanta mierda.
Con
la sección, El libro de los locos, concluye no solo el Libro de los
músicos y de los otros, sino también la compilación antológica, de la
cual nos hemos venido ocupando, Con sus pasos cantados. El poema breve
en prosa y la prosa poemática, colindando con el relato, ocupan un
espacio considerable en la trayectoria poética de Valle-Castillo. En
Las armas iniciales hay seis poemas en prosa, y en Formas migratorias,
bendecido secularmente con texto introductorio, por el casi inventor
del genero prosema entre nosotros, Ernesto Mejia Sanchez, hay dos. Y es
precisamente, el Libro que comentamos, “De los músicos y de los
otros” donde los niveles prosísticos logran su culminación, apertural y
de cierre, ya que El libro de los Locos esta compuesto por siete textos
donde el ojo de poeta reviste la prosa de efluvios líricos,
salpicados de ternura humana y también de risotadas solemnes y
dolorosas. “La barca de los locos”, textos montado inconográficamente
sobre la miniatura del mismo nombre de
Jerónimo Bosco, nos
introduce a un conmovedor elogio de la locura Leonesa y Masaya pasando
por Nagarote. Son locos poéticos o más bien rescatados por la poesía de
Julio Valle Castillo; de León:Don Goyo, “que se había vuelto loco de
ser tan sabio en matemáticas”,Batallon conchudo, hijo de la vaca pinta,
experto en sanidad”; “ la Palaca”, afectada mensualmente por los
movimientos de la luna. Y dentro de esa estela loca Valle evoca al
sublimador de la poesía leonesa: Alfonso Cortés.
Pero son los
locos de Masaya los que mejor individualiza Valle Castillo, sin excluir
a Benito, el guitarrista de Nagarote, cuya ceguera se vuelve
misterio de ojos sueltos sobre la fosa mortuoria, y sonido sempiterno
las cuerdas de su guitarra. El afecto poético por estos locos nos hace
sentir inferiores a los que pretendemos ser cuerdos, porque la evasión
que ejemplifican de la vida cotidiana ordenada que vivimos sobrepasa la
fantasía misma de un mundo mítico, casi olímpico, aunque trágico. Estos
locos son verdaderos personajes de una tragedia edípica o prometeica.
Cada línea de estos elogiosos textos pondría en vilo a Erasmo de
Roterdam, porque sin lugar a dudas, la locura salva al hombre auténtico
de cualquier esguince cotidiano, porque el loco vive y colinda con el
mundo de lo sublime, donde precisamente la poesía logra su más grande
altura. Me refiero a Tomás Santa Lucía-Cruz de Palo-Roba Gallina,
marido de la Isabel, mejor conocida como la Chavela; a “ Ana, Anita
Animita,” “ ánima sola en el Purgatorio”; a Jaula de Música; a Fulgencio
Chispa y a “Chico, el de la María”.
Citar cualquier línea de
estos textos, donde Julio Valle-Castillo, con su perfil de libanés
completo y confeso está involucrado, es sobrecogedor y contagioso,
porque estos locos lindos, invitan a volverse loco como ellos, sin
importar que pueda cogerse el vuelo de “ Chico, el de la María”:
Quién sabe qué viento sopló duro, que racha lo botó de esos cielos
por donde andaba; quién sabe qué nube no lo aguantó y se desfondó ;
quién sabe qué penachos, qué nubarrones gordos se deshicieron en
chaparrón porque una tarde mayo o junio apareció sobre las aguas de
Laguna de Apoyo, riéndose aún con sus mismos dientes pelados.
En
Con su pasos cantados, como bien lo ha querido el poeta, se
instituye una primera etapa de su poesía, y quisiera señalar que sus
desplazamientos poéticos, desde sus Armas iniciales, muestran seguridad
en el oficio y búsquedas constantes en la conformación del verso . La
poesía de Julio habla y ritma a través de una disposición versal con
predominancia fuerte del yo, con excepcionales concesiones.
Notemos
que el título de esta recopilación es una revelación paratextual feliz
y cantora que contradice los cliché del lenguaje cotidiano, donde la
expresión “ con su pasos contados” se convierte en ritmo, canto,
discurso más musical que verbal. La poesía de Valle-Castillo, en un
sentido que lo aproxima a un poeta como Apollinaire, me parece
contagiada de una celebración constante, donde el humor , la gracia y la
inventiva se dan cita para darle al poema todos sus matices necesarios,
se trate ya de la trágica muerte o suicidio de la poeta Eunice Odio en
el poema “3 tazas de café sin cambiar de medias”:
Madre y Maestra maga: usted no tiene ni mother que hacer en esta bronca.
La irritación es con la muerte
Déjeme sólo con ella,
Mientras acoso a sorbos, lo mismo que a besos, la onda, el pescuezo del café…
……………………………………………………….
Yo entiendo que le jugaron sucio,
No le creyeron el suicidio constante, y la ingresaron,
Como me dijo Ernesto Mejía Sánchez por teléfono,
Al Valle de los Caídos.
o bien en el súbito despertar brindando con los recalcitrantes beodos de Masaya:
Yo les debo un poema
a a los borrachos de Masaya,
Algo asi como el brindis que la niñez no me permitió
Hacer con ellos.
……………………………………
Este trago que levanto no es nuevo,
Me lo vengo viviendo hasta el desborde con Uds.
Y por Uds. Que religiosamente empezaban todos los mediodías…
lunes, 23 de julio de 2012
Poética de Julio Valle-Castillo 1
Ivan Uriarte
I
Si tratamos de ubicar la poesía de Julio Valle-Castillo ( Masaya,
Nicaragua, l952) en el contexto de la moderna lírica nicaragüense,
debemos aproximarla a dos miembros de la llamada Generación del 40:
Ernesto Mejía Sánchez ( Masaya l923, Mérida, Yucatán, l985) y Ernesto
Cardenal ( Granada l925). El acercamiento de la poesía de Julio a estos
importantes poetas nuestros es, sin lugar a dudas gratificante para
éste, no sólo por nexos estéticos de concepción literaria con ellos,
sino también porque ambos en diversos momentos de su trayectoria
literaria han sido sus más cercanos maestros.
Hay que observar,
por un lado, que las poéticas de los dos maestros de Valle-Castillo,
sin ser exactamente opuestas, difieren en su tratamiento con el
referente y en sus búsquedas y exploraciones de lenguaje.
La
poesía de Cardenal, que tocó el filón de una tendencia poética volcada
hacia la objetividad de las cosas, incluyendo la historia misma, cuyo
nombre de pila, Exteriorismo, nació, en los años 60 cuando Cardenal
mismo con su primo el poeta José Coronel Urtecho descubrieron e hicieron
suya una línea de producción de la poesía norteamericana, que desde
Walt Whitman, Robert Frost y Carl Sandburgh, desembocaba como gigantesco
río en la poesía y Cantos de Ezra Pound.
Por otro lado, la poesía de Ernesto Mejía Sánchez, dominada por cierto hermetismo
más
cercano al Simbolismo que a las Vanguardias Literarias, se refocila
en la plenitud íntima del lenguaje poético, aún cuando este se inicie
en los avatares y profundidades de la intertextualidad en un estupendo
poema como “La carne contigua”. Se trata de una poesía concebida a
partir de una actitud epigramática y por una ironía que, en sus
mejores momentos, convierte al texto en un fino cuando no hermético
poema a clé
Si bien la poesía de Julio Valle-Castillo nace y se
forma en las amplitudes de lenguaje que el Exteriorismo cardenaleano
inaugura y abre, hay que remarcar que profundiza con humor y gracejo y
actitud lingüística más personal que lo aleja de los pliegos
intertextuales en que se sume frecuentemente la poesía de Cardenal, y
lo acerca, prescindiendo de hermetismo alguno, a la poética de Mejía
Sánchez. Pero hay una circunstancia que lo acerca todavía más a éste:
sus orígenes Masaya y su identificación regional ( más acentuado en la
poesía de Julio ) con la cultura de los pueblos cercanos del altiplano
indígena.
viernes, 20 de julio de 2012
Melodía para ocarina en forma de rana
Para Ana Ilce Gómez
¡Que el amor sea
como el güirrique
-la sierpe que ondula
en tu cabeza,
el collar de flores
mínimas, sarta
de hojuelas de oro rojo,
amarillo quemado
que cuelga
de tu cuello-
que muere,
que se seca
para siempre
pero al menor cariño del agua
una leve pringada
apenas una garúa
una brisa,
se remoza,
se pone fresco,
vuelve a florecer!
Lienzo del Pajaritero (2003)
jueves, 19 de julio de 2012
Anuncios Clasificados 2
(Oportunidad para artistas)
Arriendo habitación con ventanales
en los que se pueden colgar cortinas
jaulas de pajaritos y macetas de
flores,
o bien, utilizarlos desde el 10mo piso
como trampolín: el pavimento aun
ofrece
gran resistencia a cualquier choque
o impacto de cráneos o cráneos.
Formas Migratorias (1979)
Formas Migratorias (1979)
miércoles, 18 de julio de 2012
Toque sólo para tamborcito
A Eleuterio Ramos,
cuyos sones se oyeron por última vez en Nindirí.
- Tun tun tun
tontuntuntun
tontunton
tuntuntun
tun...
repiquetea
el tamborcito
como late
el corazón d
del guerrero
brincando
abierto
bailando
saltando
girando
dando vueltas
a la espada
de chaperno
y golpeando la rodela
antes de entrar al pleito...
Como palpita
el corazón
ofrendado al sol
sangrando
por entre los dedos
hasta el codo
del brazo
en alto
del sacrificador.
Lienzo del Pajaritero (2003)
lunes, 16 de julio de 2012
Elogio de la esterilidad y/o Violncia de la página desnuda
Una de estas noches empujé la puerta de mi cuarto
y cuál fue mi susto que allí me estaba esperdando
/ ya tendida en la cama /
la hijita adolescente del Sr. Mallarmé
Ella entonces escondió
con un brazo como ala
los pechos
y con la otra mano, el vello del pubis
/el más íntimo trigo /
e inmediatamente se volvió
para darme la espalda / para quedar,
lector mojigato
esta página
que te extiendo
en blanco.
Con sus pasos cantados (1998)
y cuál fue mi susto que allí me estaba esperdando
/ ya tendida en la cama /
la hijita adolescente del Sr. Mallarmé
Ella entonces escondió
con un brazo como ala
los pechos
y con la otra mano, el vello del pubis
/el más íntimo trigo /
e inmediatamente se volvió
para darme la espalda / para quedar,
lector mojigato
esta página
que te extiendo
en blanco.
Con sus pasos cantados (1998)
domingo, 15 de julio de 2012
Arlen Siu
Hija de chinos
comerciantes y restauranteros
en puertos y Jinotepe de Nicaragua
nací, viví, canté, combatí,
pulsé la guitarra por esta tierra
y como la más nicaraguense
de los nicaraguenses
ningún dolor
me fue ajeno.
Mi sangre arraigó en este suelo
(caí en ese tazón de jade que es la montaña.
La muerte es una mariposa negra
que te baja los párpados).
Recuérdenme cuando
tras el bambú
de hojas finas como lanzas
se detenga una luna
nítida, lánguida.
comerciantes y restauranteros
en puertos y Jinotepe de Nicaragua
nací, viví, canté, combatí,
pulsé la guitarra por esta tierra
y como la más nicaraguense
de los nicaraguenses
ningún dolor
me fue ajeno.
Mi sangre arraigó en este suelo
(caí en ese tazón de jade que es la montaña.
La muerte es una mariposa negra
que te baja los párpados).
Recuérdenme cuando
tras el bambú
de hojas finas como lanzas
se detenga una luna
nítida, lánguida.
Materia Jubilosa (1986)
sábado, 14 de julio de 2012
Son para pito y tamborcito en Niquinohomo
El guerrero
chorotega
es como el heliotropo,
a imagen
y semejanza
del sol:
nace con él,
lo sigue hasta
la gloria del día
al cenit del combate
y se oculta
bañado en sangre
y sudor...
Pero es
después
de muerto
que da fragancia mejor.
Lienzo del Pajaritero (2003)
chorotega
es como el heliotropo,
a imagen
y semejanza
del sol:
nace con él,
lo sigue hasta
la gloria del día
al cenit del combate
y se oculta
bañado en sangre
y sudor...
Pero es
después
de muerto
que da fragancia mejor.
Lienzo del Pajaritero (2003)
viernes, 13 de julio de 2012
Octavio Robleto
En la lectura de “LIENZO DEL PAJARITERO” oigo voces antiguas y modernas.
Voces de los Teotes y de la Vieja del Volcán y específicamente la voz
del poeta Julio Valle Castillo que basándose en tradiciones y leyendas,
en crónicas y folklore, nos
moderniza en cantos nuevos lo que su corazón interpreta y lo que en sus
investigaciones a entresacado. Náhuatl y Chorotega. Masaya danzando al
son de sus marimbas y Masaya pintando en sus jícaros y tejiendo en sus bordados.
La ciudad en el espejo de sus lagunas y en el resplandor de fuego de sus volcanes.
La luna visita a través de las ramazones de los cuernos del venado y los pringues blancos en el cuero rojizo del tepescuintle.
El pajaritero es el señor de los abalorios, el señor de los pájaros, de los zenzontles y de los chocoyos, canto melodioso de cuatrocientos tonos y algarabía verde sobre el jaspe de la laguna.
Se entienden bien la lengua del colonizador y la lengua del nativo. Rodela de cuero
con pictogramas y el escudo abollado del caballero andante. El
titiritero Maese Pedro esta vez describiendo el trópico seco con su
flora y su fauna de malinches y garrobos.
El pajaritero sabía de la venida de Julio Valle Castillo y esperó,
pacientemente, a que este suceso se cumpliera, después de muchos soles y
lunas, para irle dictando secretos y guiando su mano para conformar
pictogramas.
Revelación y magia; humo de copal y humo de incienso. Teotes grotescos y vírgenes morenas. Tamagastad y Cipaltonal y sobre el horizonte, aureolada, la Virgen de Guadalupe, la guadalupana.
El estilo poético del pajaritero viene desde los viejos tiempos de
Nezalhualcoyolt, (siempre modernos) hasta amalgarse con el habla del
güegüence, el viejo cazurro e insolente.
En máscara de madera, casaca tirada al basurero, pero que de pronto
surge, se levanta, suelta la lengua a cantar y canta sola, con los cuatrocientos
tonos misteriosos, en canto vertical del clarinero y en el ondulante de
la oropéndola. Toma la palabra y se dirige a quien le da la gana,
comarcanos, romeros, promesantes, a la mujer real que ama y a la irreal
que busca para amarla. El pajarito se guía por el hilo azul en este
laberinto de poesía.
El pajaritero dijo COATH, ATL y SOL y se desenrolló la laguna para reptar, posteriormente tener plumas y volar.
miércoles, 11 de julio de 2012
Melodía para tatil en forma de xulo
¡Ojalá
y los hijos e hijas
de Tamagastad y Cipaltonal
fuéramos
como el malinche
capaz de desflorarse todo
de deshojar todas
sus flores sólo
para tender
una alfombra
roja y amarilla
donde pueda
acostarse su sombra!
Lienzo del Pajaritero (2003)
y los hijos e hijas
de Tamagastad y Cipaltonal
fuéramos
como el malinche
capaz de desflorarse todo
de deshojar todas
sus flores sólo
para tender
una alfombra
roja y amarilla
donde pueda
acostarse su sombra!
Lienzo del Pajaritero (2003)
martes, 10 de julio de 2012
Anuncios Clasificados 1
Rento departamento en un 4to piso,
propicio para estas 3 clases de
clientes:
recién casados,
dipsómanos de buró
y solterones irremediables.
Garantizamos un televisor anestésico
y la ausencia de luz solar en su única
recámara
que es caja de cerillos o gaveta de
morgue.
Formas Migratorias (1979)
Formas Migratorias (1979)
lunes, 9 de julio de 2012
Diurno y Nocturno para el abuelo difunto
Cuando acabó de morir mi abuelo
murieron tantas cosas y otros quedamos
agonizando:
se dejó de pronunciar con todo el deje del exilado
en su propia tierra
un paisaje
los nombres de Terrabona,
San José de las Papayas, Las Palomas...
Cuando se desorbitaron sus ojos ciegos de luz
y se le chorrearon dos lágrimas hacia las orejas,
acaso estaba
divisando a
sus padre.
Cuando el pulgar se desgobernó,
No hubo más vaivén de vals ni brinco de fox trot.
Cuando ya no hubo pulsación
Se reventaron las cuerdas del violín de tío Pablo...
Pasaron raudos los mostachos del General Zelaya,
El cadáver de Benjamín Zeledón arrastrado por un yankee
a caballo...
Cuando cesó aquel hervor, aquella flema entre pecho
y garganta
también expiró Juan Margarito,
su hermano adolescente y seminarista
víctima de tisis
quedando tendido como una azucena viril
Se borraron las caras de sus primas Masis,
Que habían sido más bellas que un cromo
Cuando la nariz y el mentón se perfilaron, el perfil
Se llevó en el alma a Don Laureano, Dionisio,
Silverio,
Napoleón, Carmela, María Elia...Todos sus
hermanos...
Cuando se estiró, cuando alargó los fémures bien largo,
Las llamaradas del incendio de Masaya
después del bombardeo
Empezaron a descender hasta las chispas y
crepitaciones...
Cuando se durmió,
despertó el nieto —preso del encanto—
recitando los versos de Darío con que lo dormía:
recitando princesas, hadas, describiendo caballos
con alas,
bufones escarlatas,
buscando barbas de armiño...
Cuando dobló la cabeza a la diestra
no repicaron jamás las campanas fragantes al
primer incienso
y mezcladas con armonio y cánticos.
Cuando acabaron de amortajarlo
Mi madre y las tías no sabían
Qué hacer con las llaves de su cofre, del ropero
Y rápidas, como quien se quita
una brasa,
Decidieron que se las llevara en el pantalón
El manojo metálico se fue con él de este infierno al
purgatorio o
al cielo...
Cerrando para siempre, condenando las gavetas,
las puertas y ventanas,
La casa del mundo;
todas las abiertas maravillas que era el abuelo.
2.
Peor que la hora de morir
u otra hora de morir
fue
la hora de hacer viaje al panteón. 4 pm.
Era como echarlo de su propia casa,
como irlo a tirar, a botar al basurero,
haciéndonos los llorosos y los serios
vestidos de luto, trajes y corbatas,
cuando esta casa
de la calle La Libertad
es su casa,
su sillón, su mesa y su tablero,
su mujer, mi abuela —una libanesa grande y recta—,
su mujer
de toda la vida y ahora de toda la muerte,
más larga al parecer que la propia existencia
o como otra prolongación de la existencia...
Sus hijos e hijas, todos los suyos.
Lo que soy yo no acepto dejarlo aquí, abuelo.
Imposible que lo abandone
en este lote del cementerio;
aunque tenga compadres y amigos muy cerca:
Hacia Catarina vive don Pedro López,
Desde aquí se divisan restregándose
contra el crepúsculo sus cocoteros.
Lo mejor que podemos hacer
es regresar a la casa, abuelo.
Están borrachos los sepultureros.
(Tras la mantilla está muy pálida la abuela...)
Ya está oscureciendo:
Paremos un taxi,
que los coches de caballos no suben hasta aquí.
Si me voy solo me puedo caer
y raspar las rodillas por las rampas
Nos pueden seguir y ladrar los perros...
me puedo perder, abuelo.
Acuérdese cuando
Regresábamos en las últimas tardes de octubre
después de ordenar la limpieza y pintura de los deudos.
Juguemos que voy a negar o ignorar que está muerto
me declaro y abro su hoyo: soy como su tumba
ambulante.
En mí lo llevo, en mí lo salvo, abuelo.
Vamonos andando, abuelo.
3.
El mudito aquel, enano y viejo
con su antigua gorra de pelotero
pala al hombro
y sondaleza en mano
(como todas las tardes en el pueblo)
presidió también su entierro.
Yo lo vi subir la primera,
la segunda y la última rampa de piedras
con su caminado de Charles Chaplin.
Todo chapín. Chapinecos
sus caites, sus pies de lodo seco,
más que pies son como patas,
cascos de algún animalito
practicante de la misericordia.
Este mudo es una brújula que me deja norteado.
Cuándo podré desorientarme.
Hacia donde tire daré en el blanco:
Me dice que esta es mi Fosa
O si quiero nuestra Cuna Común sin remedio.
4.
La noche del segundo día de su funeral
llovió inesperadamente
Sobre la noche de Masaya.
Ya se habían apagado las lámparas de la sala.
Las bujías del corredor.
A oscuras los aposentos.
Empezaron a caer unas cuantas gotas gruesas, primero.
Después, el aguacero
violento.
Yo dejé la cama de mi infancia.
Y me tiré al patio para que no se remojara solo.
Era su primer agua allá
bajo de la
tierra.
Era su primer agua
entre los
muertos.
Y lo sentí tan desvalido, tan niño,
tan nieto mío con sus 82 años acurrucado y despierto, (que
le escuché diciéndome;
—Abuelo, me cruzo a tu cama, tengo miedo...
Ahora era yo tu abuelo y tenía que ver cómo te libraba
de tu primer agua en la tierra, de tu primer lluvia entre
los muertos.
Yo sé que de nada sirve contarle
esto, que no consigo nada.
Pero le cuento
no estuvo solo en su primer agua en la tierra,
en su primer agua
entre los
muertos.
5.
Hay cosas que no le he preguntado ni le he dicho
y sería bueno hablar o responder, por ejemplo:
—Qué pasó con su corazón, don Pancho Castillo
Masis ?
Estábamos claros que padecía del Mal de Parkinson,
Y todas las complicaciones motoras y de arteriosclerosis
que esto traía además de los 82 años encima
—Pero qué pudo pasar con su corazón, padre?
Si era lo único que en medio de aquel desastre
Estaba bueno y activo
Porqué en una siesta de tantas cesó
de
latir
Cuando Vd bien sabía que esa recia circulación de su
sangre
Y el sístole y el diástole
Era una forma de llamar a las puertas y que se abriera
el mundo.
—Qué pasó con su corazón, si Vd me había porfiado
que nunca le iba a fallar, que nadie puede contra tanto
amor
Y aquí ahora, aquel verso de Vallejo no es más que un
verso
cualquiera:
Tanto amor y no poder
nada...
Porqué me obligó a echarte la palada
de aquella tierra húmeda recién sacada de la tierra.
Porque me demostró que allí donde linda el ser que
es el cuerpo:
El pulgar, el dedo gordo del pie
con su saliente óseo de
juanete,
Las palabras: Nada, Nunca, Se acabó, hasta aquí llegó
son más que
palabras.
Cómo me hizo eso a mí, sabiendo que soy el más flaco,
sentimental e inseguro de sus nietos
un pobre loco de anteojos, en quien nadie va a creer
nunca
Me lo hace a mí, el último en crecer de sus rótulas
Y el primero que a falta de padre
se agarró del ruedo de tus pantalones.
De nada sirvieron aquellos días feriados
yo jineteaba su pierna con mi pijama y mi bostezo
Cabalgando a los latifundios del "Trabuco",
a unas heredades infinitas e inexistentes
como un cielo verde y un campo celeste
Entonces todo era fresco y
fértil
junto a Vd,
Como la trompa de un ternero
Como ese aliento tibio y humoso de las 6 a.m. del Génesis
No tiene derecho de formar entre los muertos.
Hoy, veintitantos años después, en qué estado estará.
Sólo el frontal acaso desfondado,
Qué restos suyos me quedan, acaso su cadáver
ya ni siquiera despida el tufo
que confirme que fue humano, excesivamente humano.
Por eso le digo, en mí lo llevo, en mí lo salvo, sintiendo en carne viva Una fluida corriente de dolor
canino.
México, Masaya, Managua, 1979—2001.
murieron tantas cosas y otros quedamos
agonizando:
se dejó de pronunciar con todo el deje del exilado
en su propia tierra
un paisaje
los nombres de Terrabona,
San José de las Papayas, Las Palomas...
Cuando se desorbitaron sus ojos ciegos de luz
y se le chorrearon dos lágrimas hacia las orejas,
acaso estaba
divisando a
sus padre.
Cuando el pulgar se desgobernó,
No hubo más vaivén de vals ni brinco de fox trot.
Cuando ya no hubo pulsación
Se reventaron las cuerdas del violín de tío Pablo...
Pasaron raudos los mostachos del General Zelaya,
El cadáver de Benjamín Zeledón arrastrado por un yankee
a caballo...
Cuando cesó aquel hervor, aquella flema entre pecho
y garganta
también expiró Juan Margarito,
su hermano adolescente y seminarista
víctima de tisis
quedando tendido como una azucena viril
Se borraron las caras de sus primas Masis,
Que habían sido más bellas que un cromo
Cuando la nariz y el mentón se perfilaron, el perfil
Se llevó en el alma a Don Laureano, Dionisio,
Silverio,
Napoleón, Carmela, María Elia...Todos sus
hermanos...
Cuando se estiró, cuando alargó los fémures bien largo,
Las llamaradas del incendio de Masaya
después del bombardeo
Empezaron a descender hasta las chispas y
crepitaciones...
Cuando se durmió,
despertó el nieto —preso del encanto—
recitando los versos de Darío con que lo dormía:
recitando princesas, hadas, describiendo caballos
con alas,
bufones escarlatas,
buscando barbas de armiño...
Cuando dobló la cabeza a la diestra
no repicaron jamás las campanas fragantes al
primer incienso
y mezcladas con armonio y cánticos.
Cuando acabaron de amortajarlo
Mi madre y las tías no sabían
Qué hacer con las llaves de su cofre, del ropero
Y rápidas, como quien se quita
una brasa,
Decidieron que se las llevara en el pantalón
El manojo metálico se fue con él de este infierno al
purgatorio o
al cielo...
Cerrando para siempre, condenando las gavetas,
las puertas y ventanas,
La casa del mundo;
todas las abiertas maravillas que era el abuelo.
2.
Peor que la hora de morir
u otra hora de morir
fue
la hora de hacer viaje al panteón. 4 pm.
Era como echarlo de su propia casa,
como irlo a tirar, a botar al basurero,
haciéndonos los llorosos y los serios
vestidos de luto, trajes y corbatas,
cuando esta casa
de la calle La Libertad
es su casa,
su sillón, su mesa y su tablero,
su mujer, mi abuela —una libanesa grande y recta—,
su mujer
de toda la vida y ahora de toda la muerte,
más larga al parecer que la propia existencia
o como otra prolongación de la existencia...
Sus hijos e hijas, todos los suyos.
Lo que soy yo no acepto dejarlo aquí, abuelo.
Imposible que lo abandone
en este lote del cementerio;
aunque tenga compadres y amigos muy cerca:
Hacia Catarina vive don Pedro López,
Desde aquí se divisan restregándose
contra el crepúsculo sus cocoteros.
Lo mejor que podemos hacer
es regresar a la casa, abuelo.
Están borrachos los sepultureros.
(Tras la mantilla está muy pálida la abuela...)
Ya está oscureciendo:
Paremos un taxi,
que los coches de caballos no suben hasta aquí.
Si me voy solo me puedo caer
y raspar las rodillas por las rampas
Nos pueden seguir y ladrar los perros...
me puedo perder, abuelo.
Acuérdese cuando
Regresábamos en las últimas tardes de octubre
después de ordenar la limpieza y pintura de los deudos.
Juguemos que voy a negar o ignorar que está muerto
me declaro y abro su hoyo: soy como su tumba
ambulante.
En mí lo llevo, en mí lo salvo, abuelo.
Vamonos andando, abuelo.
3.
El mudito aquel, enano y viejo
con su antigua gorra de pelotero
pala al hombro
y sondaleza en mano
(como todas las tardes en el pueblo)
presidió también su entierro.
Yo lo vi subir la primera,
la segunda y la última rampa de piedras
con su caminado de Charles Chaplin.
Todo chapín. Chapinecos
sus caites, sus pies de lodo seco,
más que pies son como patas,
cascos de algún animalito
practicante de la misericordia.
Este mudo es una brújula que me deja norteado.
Cuándo podré desorientarme.
Hacia donde tire daré en el blanco:
Me dice que esta es mi Fosa
O si quiero nuestra Cuna Común sin remedio.
4.
La noche del segundo día de su funeral
llovió inesperadamente
Sobre la noche de Masaya.
Ya se habían apagado las lámparas de la sala.
Las bujías del corredor.
A oscuras los aposentos.
Empezaron a caer unas cuantas gotas gruesas, primero.
Después, el aguacero
violento.
Yo dejé la cama de mi infancia.
Y me tiré al patio para que no se remojara solo.
Era su primer agua allá
bajo de la
tierra.
Era su primer agua
entre los
muertos.
Y lo sentí tan desvalido, tan niño,
tan nieto mío con sus 82 años acurrucado y despierto, (que
le escuché diciéndome;
—Abuelo, me cruzo a tu cama, tengo miedo...
Ahora era yo tu abuelo y tenía que ver cómo te libraba
de tu primer agua en la tierra, de tu primer lluvia entre
los muertos.
Yo sé que de nada sirve contarle
esto, que no consigo nada.
Pero le cuento
no estuvo solo en su primer agua en la tierra,
en su primer agua
entre los
muertos.
5.
Hay cosas que no le he preguntado ni le he dicho
y sería bueno hablar o responder, por ejemplo:
—Qué pasó con su corazón, don Pancho Castillo
Masis ?
Estábamos claros que padecía del Mal de Parkinson,
Y todas las complicaciones motoras y de arteriosclerosis
que esto traía además de los 82 años encima
—Pero qué pudo pasar con su corazón, padre?
Si era lo único que en medio de aquel desastre
Estaba bueno y activo
Porqué en una siesta de tantas cesó
de
latir
Cuando Vd bien sabía que esa recia circulación de su
sangre
Y el sístole y el diástole
Era una forma de llamar a las puertas y que se abriera
el mundo.
—Qué pasó con su corazón, si Vd me había porfiado
que nunca le iba a fallar, que nadie puede contra tanto
amor
Y aquí ahora, aquel verso de Vallejo no es más que un
verso
cualquiera:
Tanto amor y no poder
nada...
Porqué me obligó a echarte la palada
de aquella tierra húmeda recién sacada de la tierra.
Porque me demostró que allí donde linda el ser que
es el cuerpo:
El pulgar, el dedo gordo del pie
con su saliente óseo de
juanete,
Las palabras: Nada, Nunca, Se acabó, hasta aquí llegó
son más que
palabras.
Cómo me hizo eso a mí, sabiendo que soy el más flaco,
sentimental e inseguro de sus nietos
un pobre loco de anteojos, en quien nadie va a creer
nunca
Me lo hace a mí, el último en crecer de sus rótulas
Y el primero que a falta de padre
se agarró del ruedo de tus pantalones.
De nada sirvieron aquellos días feriados
yo jineteaba su pierna con mi pijama y mi bostezo
Cabalgando a los latifundios del "Trabuco",
a unas heredades infinitas e inexistentes
como un cielo verde y un campo celeste
Entonces todo era fresco y
fértil
junto a Vd,
Como la trompa de un ternero
Como ese aliento tibio y humoso de las 6 a.m. del Génesis
No tiene derecho de formar entre los muertos.
Hoy, veintitantos años después, en qué estado estará.
Sólo el frontal acaso desfondado,
Qué restos suyos me quedan, acaso su cadáver
ya ni siquiera despida el tufo
que confirme que fue humano, excesivamente humano.
Por eso le digo, en mí lo llevo, en mí lo salvo, sintiendo en carne viva Una fluida corriente de dolor
canino.
México, Masaya, Managua, 1979—2001.
domingo, 8 de julio de 2012
Delirio en León de Nicaragua (Enero / Febrero de 1916)
A José Jirón Terán
Se abre de par en par la ventana alta
bajo el más alero.
Hacia dentro los dos poyos están vacíos.
A través de las rejas torneadas de un cedro añejo,
entra el fulgor haciendo arder la cal de las paredes.
La súbita claridad me tiene la vista oscurecida.
Qué fresco y entrañable es el adobe.
No hay calor aquí. Remanso de aposento,
ladrillo de barro húmedo y barrido.
Debe de andar por aquí temblando alguna tía abuela.
Es en la calle cuyas piedras recubrirá un nuevo
pavimento, donde corren en jauría
con las estrellas en movimiento
los pecados, los jeeps algodoneros, la carne, algún mal
pensamiento, los dólares,
el gato que mató al obispo de un zarpazo en la yugular.
He soñado en la alborada que dos zopilotes se disputan mi
cerebro,
que hay un festín con mis vísceras:
tuyo mi corazón, mío el hígado, suyos los riñones...
Mi cráneo lo golpean los cascos del caballo de Arrechavala.
Mi carroza fúnebre no es más que la Carretanagua.
Como un río subterráneo por los albañales
fluyen las ánimas en pena,
bajo la Calle Real van en legión los difuntos.
El fondo del mar mueve las hundidas campanas
y suben sus tañidos con la marea a los litorales y manglares
cercanos.
Una manada de poetas, oradores y poetastros
salen de órbita y de madre y van arrastrando la cola, la cauda
o la corona.
Es afuera. Afuera que está soplando el viento.
Está atizando las visiones, el delirio o la locura.
Ahí coge fuego mi túnica. Aquí no.
El sol se ha parado de frente con la media luna
en el interminable azul azul de esta tarde.
[Junio de 1991]
sábado, 7 de julio de 2012
Balada de los hijos de los padres
A mis hermanos Mejía Marenco
Los hijos de los padres que amé tanto
esperaron verlos morir,
quedar con la boca abierta
como una oscura ciudad evacuada,
para venir ahora a preguntarnos
¿cómo era papá?
Para mí llevar su nombre
fue un lastre.
Nunca fui yo. Jamás dejé de ser él.
Eran una máscara,
un fantasma, una irrealidad
mientras vivieron y los vieron y los tocaron y los oyeron.
Huraños de niños, hostiles de adolescentes.
Pujaban cuando nos veían aparecer en el umbral de su casa.
Nos negaron el habla y el saludo.
Se hacían los que nos desconocían.
No entendían porqué conversábamos durante horas
y horas tan acaloradamente.
La vana, ociosa pasión por unos libros,
un óleo sobre tela: la moza del turbante...
La obesa cantante de ópera era un globo
que ascendía y ascendía
en la líquida claridad de una noche de diciembre.
Qué efusión al evocar la escalinata de un museo,
ante los dibujos de García Lorca
como una enredadera en
una pompa de cristal o de sueño.
El ángel de un verso no era un ángel
sino un verso, el sentido
que son cinco sentidos en un poema
más que ver, oír, oler, gustar y tocar.
Una partitura, una musa parturienta, un parque con un vuelo
rasante de palomas en una luz al atardecer, auroral
una partida en la que podía partirse la vida
o partirnos la madre...
Se instalaba el Verbo en la sala, en la rueda de amigos,
en la mesa redonda y el Verbo estaba en Dios
y Dios tronaba y aquello era un circo,
el cofre de un mago, la amargura de un payaso,
el traspié de un equilibrista,
el salto mortal de otro trapecista,
la locura, aquel aquelarre en la miseria.
Llegábamos a aumentar el déficit:
donde no había ni un litro de leche,
emergía por obra de magia un galón de whisky.
El reproche de los jóvenes,
cómplices entre sus primos y compañeros de clases,
desaprobando, señalando con el índice,
haciendo muecas en silencio,
riéndose del ridículo que saben hacer tan bien las personas
mayores.
Esperaron verlos morir.
Esperaron que se marcharan al otro mundo,
que cruzaran el río turbio.
Esperaron tener la certeza de que ya no los podían
escuchar, saber que estaban sordos,
más sordos que la tapia
de piedra y cal del cementerio,
para empezarles a gritar que los amaban, que los
necesitaban,
que sin ellos la imaginación en casa era como una perra de
tetas flácidas,
que ellos fueron lo mejor que les ocurrió en su existencia.
Si no hay difuntos malos, el mejor poeta siempre es el muerto.
Pero sólo muerto.
Ahora hasta nos quieren, vienen a querernos mis hermanos,
los hijos de los padres que amé tanto.
[Managua, junio de 1998]
viernes, 6 de julio de 2012
Paloma Taladrid
Sobre Mementos de vivos y difuntos
1.- Memento de vivos y difuntos (1973-2007) constituye un momento de la misa destinado a memorizar y rogar por los fieles difuntos y por los vivos; por ende, se pretende recuperar el sentido ritual, litúrgico para la poesía, cuya sacralidad, se ha opacado o extraviado mucho en la referencia a lo realista, concreto o cotidiano en estas últimas décadas (Parece que este recurso es común a la poesía de Nicaragua; recuérdese que Darío escribió unas Prosas profanas).Datos de solapa
2.- El paratexto está formado por una carátula de ILCE Ortiz de Manzanares: un bien resuelto óleo abstracto que podría provocar la ilusión visual de un semáforo con sus tres códigos: rojo (detenerse), amarillo (disponerse) y verde (arrancar), y simultáneamente tres focos blancos, como quien dice semáforos para quienes aún circulan en las calles y avenidas de la tierra y los otros para los que ya descansan en paz. Asimismo un retrato a pincel seco de Róger Pérez de la Rocha del Julio Valle-Castillo que conocemos. Magnífico retrato asimismo que revela la ambigüedad de un Julio severo, señorial (y ahora de barba) y a su vez, lúdico, rebelde, irreverente, humorista, burla burlando, cachondo, dictando, perentoriando, inventando, imponiendo. ¡Dios nos encontrara confesados si Julio comenzaba hablar!
3.- La poesía es memoria (recordar o volver a la vida a los vivos y muertos) y también resucitar las lenguas muertas, tal el caso de las “Falsificaciones griegas”, que resultan autenticaciones castellanas, debido a su economía y dominio verbal, delicadeza, lirismo y variedad.
4.- Poemario oscilante entre la tradición, mejor dicho, entre la vivencia cultural mexicana y nicaragüense: no en vano la cita de ciertos lugares urbanos o espacios e íconos, como las avenidas de DF, su aéreo puerto, Miguel Angel de Quevedo, Miguel Alemán, Pancho Villa, Fajad Jamis, Ernesto Mejía Sánchez, Tina Modotti… Sospecho que prefería a Alfonso Reyes, a Salvador Novo, a Pellicer, Efraín Huerta, que a Octavio Paz y su corte. Decía que la poesía de Nicaragua era solar y que la mexicana era “Crepusculista”, vocablo algo homofobico.
5.- “Alamo blanco para San Francisco de Asís” está en la misma directriz de la sacralización de una fecha, a través de la gracia poética del personaje y de la transfiguración de la naturaleza: Visión, quizá alucinación, revelación, todo atingente a lo sacro.
6.- “Si nos salvara una corbata azul celeste” es un poema escrito bajo la impronta que nos causó a todos en la UNAM, el asesinato de Pier Paolo Pasolini en Roma; pero igualmente para él es la muerte del abuelo en Nicaragua. La muerte asediando, algo que por entonces como ahora, me parece que no asimila Valle-Castillo, Julio. Será verdad que el amor ¿ La boca de su amada redime de la tumba abierta y nos dota de eternidad?
7.- “Célula de identidad” es la posición ético-estética de un poeta que ha optado por la marginalidad –como los románticos y surrealistas— ante el sistema o sociedad actual vacuo, mercantil, desideologizado, ahistórico. El poeta ha vuelto a ser un vagabundo, un anárquico, un desarrapado, un lacra…
8.- “Nocturno de los gastos, 13 horas” pareciera que se trata de una crítica y denuncia de poetastros y putastras disputándose como cuervos y gatos la gloricula de haber sido amigos de alguna celebridad literaria.
9.- “Ciber-café-Altamira” torna por el sentido sagrado de la naturaleza, del hombre y o la mujer, se pertenece a la tierra, a un medio ambiente, que hoy está en peligro. Los inmigrantes son arrancados, desarraigados de sus costumbres, cultura, afectos, relaciones, por razones de exilio económico.
10.- “Visa para escuchar a Pink Floyd” es o supongo que es una extraña elegía feliz, valga la contradicción; una tragedia abordada con la frescura de la fraternidad y la vida juvenil. A veces Valle-Castillo me sabe un permanente chaval, un adolescente. Llora como un niño, con rostro de César Vallejo; no permite una reticencia o un reparo a la poesía de Cardenal; es un contorsionista y malabarista de palabras al modo de Huidobro; el hombre en la cuerda floja; es el poeta como Clown.
11. “Diurno y nocturno por el abuelo difunto” es acaso uno o el mejor poema del libro. Gemido de un lactante, de un niño, ante la ausencia del patrón paterno o masculino. Se inscribe en la corriente elegíaca por la muerte del padre, que ha corrido con fortuna en la lengua española, desde las “Coplas a la muerte de mi padre” de Manrique (Recuerdo cómo nos llenaba de congoja y gozo, allá en México, la lectura de “Algo sobre la muerte del mayor Sabines” de Jaime Sabines, un poeta muy de la sensibilidad de Julio) .
12.- Con el poema anteriormente citado y otros: “Casa de salud”, “Si nos salvara una corbata azul celeste”, “Variaciones de unos versos Vallejeanos” y “Otros tres poemas” se configura el corazón del poeta y del poemario. Ahí radica el poeta y su mejor poesía. La verdadera constante es el abuelo vivo o muerto.
13.- El exteriorismo (de su dios mayor Cardenal) de Nicaragua que equivale al coloquialismo, al prosaísmo, al objetivismo de España y el resto de Iberoamérica (sin olvidar la poesía portuguesa del Brasil) no teme aproximarse o incursionar en el surrealismo (como su venerado Mejía Sánchez), más bien, en rescatar la imagen o metáfora, la figura de la palabra y el pensamiento. Su mezcla desconcierta en el concierto, pero armonizan: “Por abrir el paraguas dentro de la casa” o “Nocturno de la plaza del chorro”.
14.- No me sorprenden los poemas de motivo cristiano de Julio, por eso exalta y cree en la redención, en el martirio y la resurrección. Aún en sus momentos de enamoramiento con el materialismo histórico y dialéctico, del marxismo de mediados de los 70, tengo la intuición que siempre fue, sino un practicante, un hombre de formación cristiana, identificado con la teología de la liberación de Cardenal:” La pasión según las vecinas”, “La tortura definitiva”, “Declaración del traidor”, “VI estación de policía”, “Salutación a la xilógrafa María Gallo”.
15.- También profesa la eternidad de la poesía; quizá de ahí proceda aquella su pasión por los clásicos y su seguridad horaciana de que no moriremos del todo…. Léase “Viva voz”.
16.- Siempre tuve la certidumbre de que a Julio sólo le interesaba la poesía: en el café, en el bar, en las aulas, en las calles únicamente hablaba de la poesía de su tierra, naturalmente, de Rubén Darío, de un poeta loco y de Darío, de unos poetas sacerdotes y de Darío, un poeta maestro de todos los poetas y Darío. Creía que Pound y Elliot eran nicaragüenses… León de Nicaragua era la capital de la poesía modernista y Granada, una ciudad antipoética por comercial y aristócrata, era asimismo capital de la poesía vanguardista.
Las muchachas más guapas y las menos guapas de la facultad se desvanecían ante un nuevo impreso de la UNAM o de Joaquín Mortiz o del FCE. Cosa extrañísima: amaba a todos los poetas, mujeres y hombres, cuando todos nos recelábamos. Su “Edicto sin validez legal”, me lo confirma. A julio no le importa ni la política ni los partidos ni Casa Blanca ni el Vaticano, ni el FMI ni el BM. Sólo le importa la poesía. No en vano repite el estribillo de Bobby Capo: “Sólo me importas tú, y tú y tú y nadie más que tú”.
17.- “Servicio social”, poema con el que concluye el libro, es la declaratoria de la marginalidad del poeta en este contexto, mercado planetario. Quien sólo es y quiere ser poeta, opta por el aislamiento. Los poetas no inútiles, son cada uno, su empresa privada, el negocio de su ánima, que no produce ganancias para nada ni para nadie, a no ser que se dejen manipular por los políticos y las casas editoriales. Y entonces, se pervierten. Cualquier hijo de vecino lo escupe, lo devalúa y desvaloriza
18.- Pero, sea cual fuere, este destino, grato o ingrato, su pequeño libro es de los mejores que ha producido y firmado Valle-Castillo, “nuestro hermano –de mexicanos y españoles--, nuestro compañero / y tanto más”.
Jorge Eduardo Arellano
A
Julio Valle-Castillo no se le puede negar su labor de dariísta, es
decir, de dariano integral. Aún más: pocos se acreditan esta categoría
en el mundo hispanohablante de hoy. Por eso me ha extrañado la ausencia
de su nombre y de sus trabajos en las páginas introductorias de Nicasio
Urbina, profesor asociado de Tulane, al volumen múltiple que ha
compilado: Miradas críticas sobre Rubén Darío (Managua, FIRD, 2005).
Ante todo, Valle-Castillo ha sido un editor rubendariano oportuno imprescindible. Con sus criterios respectivos, inició esta actividad en dos antologías: una poemática; la otra prosística. Titulada Nuestro Darío (Managua, Ministerio de Cultura, 1980), la primera tuvo de colaboradores al suscrito, al schollar estadounidense Marc Zimmermann y a Fidel Coloma (1926-1995). Los tres aprobamos la selección de Julio (62 poemas) y su distribución en cuatro secciones, correspondiendo cada una a temáticas específicas: la vernacular (Bajo el sol de encendidos oros), la anti-imperialista (¿Cuantos millones de hombres hablaremos inglés?), la humana (Potente y sutilísimo, universal resumen) y la continental e identitaria (La América nuestra).
La segunda antología consistió en una ampliación de la que yo había editado, con presentación de Francisco Valle, en la Biblioteca Nacional y ese mismo año: Textos sociopolíticos, reimpresa en República Dominicana (1984). A sus quince textos (reveladores “de un Darío que criticó con palabra indignada las injusticias de su tiempo”), Valle-Castillo agregó a la suya, Prosas políticas (Managua, Ministerio de Cultura, 1980), nueve de mayor consistencia. Su edición —precedida de un esclarecedor estudio contextual en ocho apartados y con dieciocho notas, que dató el 14 de noviembre de 1981— demostraba “con creces y una vez más que el Poeta no fue un esteticista estéril, que su esteticismo fue histórico y tuvo sensibilidad social y participación política en Europa, América y Nicaragua”.
Vale la pena subrayar que en esa excepcional coyuntura se hizo necesaria la tarea de rescatar la soslayada dimensión de Darío como testigo e intérprete de las realidades sociales, políticas y económicas, “viéndolo y previéndolo todo con extraordinario acierto” —había advertido Salomón de la Selva en 1941; tarea que complementé en la selección de fragmentos Tantos vigores dispersos (Managua, Consejo Nacional de Cultura, 1983). Por su parte, Valle-Castillo estaba consciente y listo para “destruir la falsa imagen que se ha difundido de Darío: un artista desarraigado, evasivo y apolítico”. Fuimos, pues, “los hombres correctos en el lugar correcto”, aunque quizás exageramos la nota.
Anteriormente, el ahora “ninguneado” dariísta había emprendido sus incursiones bajo la dirección de Mejía Sánchez en México: como autor de la Cronología del volumen Poesía (Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977). Ahí figuraba junto a Ángel Rama (“reciente pero recia autoridad en Rubén Darío y el modernismo”) y al mismo Mejía Sánchez como editor, anotador y fijador textual. La misma obra fue reeditada, gracias a gestiones de Valle-Castillo y con estudio preliminar suyo, en La Habana (1989) y Managua (1992).
Los cuentos completos, compilados y anotados también por Mejía Sánchez (México, Fondo de Cultura Económica, 1950) tuvieron en Valle-Castillo un destacado promotor. En efecto, a él se le debe la segunda edición de esa obra esencial, enriquecida con nueve piezas, que se publicó en La Habana (1900) y reimprimió en Managua (1993 y 2000). En el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (núm. 101, octubre, reproduje su “Criterio de edición”. La misma publicación periódica ha difundido sus más recientes trabajos exegéticos e interpretativos, siendo el último su lección magistral, Del modernismo a la modernidad, leída en enero de 2004 durante el Segundo Simposio Internacional de León: Rubén Darío: nuevos asedios y encuentros.
En Valle-Castillo deslindó la “otra trilogía” rubendariana que no tuvo igual fortuna crítica como trayectoria ascendente y renovadora del autor, integrada por El canto errante (1906), Poema del otoño y otros poemas (1910) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914). Aludiendo a la primera trilogía (Azul..., Prosas profanas y otros poemas, Cantos de vida y esperanza, Los Cisnes y otros poemas), Julio “describe el itinerario de Darío o del Modernismo, la segunda evidencia la evolución también de Darío o del Modernismo hacia lo moderno. El canto errante es el comienzo de la poesía viajera de la Vanguardia, que lo conduce a la heterogeneidad temática y formal, y ésta lo aproxima al coloquialismo. El poema del otoño... es la lírica desnuda como lo deseaba Juan Ramón Jiménez... Y Canto a la Argentina... es la épica urbana, una nueva manera y tono mayor para cantar a la otra América, a la latina, la mestiza, pero procediendo de la América utópica, natural de Walt Whitman y adaptando a Whitman a la América española”.
Otras lecciones (y no pocas) hemos recibido de Valle-Castillo. No es posible detallarlas todas. Pero, al menos, cabe citar —aliviados de datos bibliográficos— su fundamentación actualizada del humanismo greco-latino de Darío. Su Darío y el poema gráfico de América, una lectura novedosa de la oda A Roosevelt; su relectura del tema nicaragüense como motivo y su prospección en la fuente horaciana del condensado poema cogitante De otoño. Su análisis de las versiones del soneto, Caracol, y de los dos poemas descubiertos en la biblioteca de la Universidad de Harvard. Su relación entre Rubén y la jitanfáfora, sin precedencia; su acucioso estudio de la fuente y el contexto del cuento Huitzilopoxtli. Su examen comparado acerca de Las gitanillas de Cervantes, más su erudito Cervantes y el Quijote en Cantos de vida y esperanza.
Estos diez trabajos publicados no merecían el desdén, el olvido imperdonable o la deliberada exclusión. Como lo han expresado algunos colegas, el profesor asociado de Tulane aún no puede “escupir en rueda” como dariísta, pese a su ansiedad y autosuficiencia ¿Le respalda, acaso, algún trabajo similar al de Valle-Castillo? Nicasio tiene la palabra.
Ante todo, Valle-Castillo ha sido un editor rubendariano oportuno imprescindible. Con sus criterios respectivos, inició esta actividad en dos antologías: una poemática; la otra prosística. Titulada Nuestro Darío (Managua, Ministerio de Cultura, 1980), la primera tuvo de colaboradores al suscrito, al schollar estadounidense Marc Zimmermann y a Fidel Coloma (1926-1995). Los tres aprobamos la selección de Julio (62 poemas) y su distribución en cuatro secciones, correspondiendo cada una a temáticas específicas: la vernacular (Bajo el sol de encendidos oros), la anti-imperialista (¿Cuantos millones de hombres hablaremos inglés?), la humana (Potente y sutilísimo, universal resumen) y la continental e identitaria (La América nuestra).
La segunda antología consistió en una ampliación de la que yo había editado, con presentación de Francisco Valle, en la Biblioteca Nacional y ese mismo año: Textos sociopolíticos, reimpresa en República Dominicana (1984). A sus quince textos (reveladores “de un Darío que criticó con palabra indignada las injusticias de su tiempo”), Valle-Castillo agregó a la suya, Prosas políticas (Managua, Ministerio de Cultura, 1980), nueve de mayor consistencia. Su edición —precedida de un esclarecedor estudio contextual en ocho apartados y con dieciocho notas, que dató el 14 de noviembre de 1981— demostraba “con creces y una vez más que el Poeta no fue un esteticista estéril, que su esteticismo fue histórico y tuvo sensibilidad social y participación política en Europa, América y Nicaragua”.
Vale la pena subrayar que en esa excepcional coyuntura se hizo necesaria la tarea de rescatar la soslayada dimensión de Darío como testigo e intérprete de las realidades sociales, políticas y económicas, “viéndolo y previéndolo todo con extraordinario acierto” —había advertido Salomón de la Selva en 1941; tarea que complementé en la selección de fragmentos Tantos vigores dispersos (Managua, Consejo Nacional de Cultura, 1983). Por su parte, Valle-Castillo estaba consciente y listo para “destruir la falsa imagen que se ha difundido de Darío: un artista desarraigado, evasivo y apolítico”. Fuimos, pues, “los hombres correctos en el lugar correcto”, aunque quizás exageramos la nota.
Anteriormente, el ahora “ninguneado” dariísta había emprendido sus incursiones bajo la dirección de Mejía Sánchez en México: como autor de la Cronología del volumen Poesía (Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977). Ahí figuraba junto a Ángel Rama (“reciente pero recia autoridad en Rubén Darío y el modernismo”) y al mismo Mejía Sánchez como editor, anotador y fijador textual. La misma obra fue reeditada, gracias a gestiones de Valle-Castillo y con estudio preliminar suyo, en La Habana (1989) y Managua (1992).
Los cuentos completos, compilados y anotados también por Mejía Sánchez (México, Fondo de Cultura Económica, 1950) tuvieron en Valle-Castillo un destacado promotor. En efecto, a él se le debe la segunda edición de esa obra esencial, enriquecida con nueve piezas, que se publicó en La Habana (1900) y reimprimió en Managua (1993 y 2000). En el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (núm. 101, octubre, reproduje su “Criterio de edición”. La misma publicación periódica ha difundido sus más recientes trabajos exegéticos e interpretativos, siendo el último su lección magistral, Del modernismo a la modernidad, leída en enero de 2004 durante el Segundo Simposio Internacional de León: Rubén Darío: nuevos asedios y encuentros.
En Valle-Castillo deslindó la “otra trilogía” rubendariana que no tuvo igual fortuna crítica como trayectoria ascendente y renovadora del autor, integrada por El canto errante (1906), Poema del otoño y otros poemas (1910) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914). Aludiendo a la primera trilogía (Azul..., Prosas profanas y otros poemas, Cantos de vida y esperanza, Los Cisnes y otros poemas), Julio “describe el itinerario de Darío o del Modernismo, la segunda evidencia la evolución también de Darío o del Modernismo hacia lo moderno. El canto errante es el comienzo de la poesía viajera de la Vanguardia, que lo conduce a la heterogeneidad temática y formal, y ésta lo aproxima al coloquialismo. El poema del otoño... es la lírica desnuda como lo deseaba Juan Ramón Jiménez... Y Canto a la Argentina... es la épica urbana, una nueva manera y tono mayor para cantar a la otra América, a la latina, la mestiza, pero procediendo de la América utópica, natural de Walt Whitman y adaptando a Whitman a la América española”.
Otras lecciones (y no pocas) hemos recibido de Valle-Castillo. No es posible detallarlas todas. Pero, al menos, cabe citar —aliviados de datos bibliográficos— su fundamentación actualizada del humanismo greco-latino de Darío. Su Darío y el poema gráfico de América, una lectura novedosa de la oda A Roosevelt; su relectura del tema nicaragüense como motivo y su prospección en la fuente horaciana del condensado poema cogitante De otoño. Su análisis de las versiones del soneto, Caracol, y de los dos poemas descubiertos en la biblioteca de la Universidad de Harvard. Su relación entre Rubén y la jitanfáfora, sin precedencia; su acucioso estudio de la fuente y el contexto del cuento Huitzilopoxtli. Su examen comparado acerca de Las gitanillas de Cervantes, más su erudito Cervantes y el Quijote en Cantos de vida y esperanza.
Estos diez trabajos publicados no merecían el desdén, el olvido imperdonable o la deliberada exclusión. Como lo han expresado algunos colegas, el profesor asociado de Tulane aún no puede “escupir en rueda” como dariísta, pese a su ansiedad y autosuficiencia ¿Le respalda, acaso, algún trabajo similar al de Valle-Castillo? Nicasio tiene la palabra.
Carlos Tünnermann Bernheim
Julio Valle
Castillo es uno de nuestros escritores más polifacéticos: poeta,
antólogo, crítico de artes plásticas y literarias, investigador dariano,
ensayista, narrador y editor. Un auténtico polígrafo.
Julio Valle Castillo publicó sus primeros poemas en 1970 en el suplemento
de Pablo Antonio Cuadra «La Prensa Literaria». Su primer poemario «Las
armas iniciales» fue publicado en 1977. Luego aparecieron «Formas
Migratorias» (1979), «Ronda tribal para el nacimiento de Sandino»
(1981), y «Materia Jubilosa» (1986). En 1999, bajo el sello editorial
del Centro Nicaragüense de Escritores apareció «Con sus pasos cantados»,
que recopila su obra poética de treinta años (1968-1998), más algunas
narraciones breves.
Sobre la poesía de Julio Valle Castillo, su crítico Jorge Boccanera
expresa que ella, especialmente la de su primera etapa, «responde al
«Exteriorismo», que ya parece una característica sustancial de la poesía
de Nicaragua, en especial en el recuento de los hechos o en la mención de carteles,
todos en tipografía destacada. La carga emotiva escapa del
sentimentalismo balbuceante, por medio de la desmitificación y la ironía
(hasta la crueldad), en visibles gestos ajenos a la autocompasión.
Hay, por supuesto, rasgos epigramáticos -propios de la formación del
autor- que se presentan en este naufragio colectivo, no exento de
instancias líricas». Ernesto Cardenal en su Antología de la Poesía
Nicaragüense, nos dice que Valle Castillo es «uno de los principales
darianos de Nicaragua, siendo en esto último el más importante discípulo
y continuador de Ernesto Mejía Sánchez». A su vez, el Maestro Fidel
Coloma González, enjuició la obra poética de Valle Castillo afirmando de
ella que es una: “Poesía experimental, que ensaya, dentro de un verso
libre que busca formas fijas o se dispone geométricamente, y que usa por
sistema la pirueta, la alusión humorística, la cita textual disfrazada o
el pastiche. Poesía moderna, en suma, que en sus heterogéneos
momentos, intenta reducir a un tono complejo de desolación y rebeldía,
la heterogeneidad alienante del mundo burgués”.
Su única novela, hasta ahora, «Réquiem en Castilla del Oro», best seller de las publicaciones del Centro Nicaragüense de Escritores, lo consagró como un estupendo narrador y «uno de los fundadores de la novela posmoderna en Centroamérica», como señalan sus críticos.
La historia de la literatura nicaragüense debe a Valle Castillo, además,
varios libros claves, entre los que corresponde mencionar «Cuentos
Completos de Rubén Darío», con nuevos cuentos de Darío que permanecían inéditos, edición que estuvo a su cuidado; «Poetas Modernistas de Nicaragua,
1880-1930», Rimbaud entre nosotros y la reciente tercera edición de
«Opera Parva» de Luis Alberto Cabrales, con un estudio introductorio
suyo sobre la obra de este fundador del Movimiento de Vanguardia.
La crítica de las artes plásticas, a su vez, se enriquece en nuestro
país con los estupendos libros de Valle Castillo sobre Los primitivistas
de Nicaragua (1986), La escultura de Ernesto Cardenal (1988) y las
obras sobre los Maestros Sobalvarro (1996), Rodrigo Peñalba (1998),
Róger Pérez de la Rocha (1999) y Beteta (2001), sin olvidar su bello libro sobre «La Catedral de León de Nicaragua» (2001).
El 18 de mayo del 2001, Julio Valle Castillo, al borde de sus cincuenta años de edad, hizo su ingreso
en la Academia Nicaragüense de la Lengua como académico de número. En
esa oportunidad leyó uno de los discursos más memorables que se han
pronunciado en la historia de la Academia: «Las humanidades en la
poesía nicaragüense», trabajo que lo consagró como a uno de nuestros más notables humanistas.
Visa para escuchar a Pink Floyd
De pronto, abro una antología que iba a leer
y se me resbala y salta.
La foto de Eddie/ tamaño pasaporte
acaso con la que alguna vez solicitó visa para un viaje
o para un vuelo en vertical
ascendiendo nubes
tomando altura
Mi compañerito de bachillerato,
buen alumno en matemáticas, física y quimica,
con las que yo nunca pude.
Él subió con sus padres al estrado del Colegio
a recibir el diploma y el anillo de graduación.
Novio de Camen María
que no fue novia mía por que me daba pereza hablarle
y prefería ir me a conversar de literatura
y beber ron o cerveza con Cajina-Vega y Fanor.
Eddie y yo celebramos una vez más mi cumpleaños solos
Bebiendo tintos españoles
en las verbenas de agosto
y bailamos ebrios con unas muchachas
más alegres que nuestra alegría
Íbamos en vuelta vertical
ascendiendo sobre las nubes
a miles de pies de altura
Eddie voló al Brasil, no sé si Curitiba o Sao Paulo
Y yo viajé a México, D.F.
A mi me gustaba la música de los Beatles
y a Eddie la de Pink Floyd
Años después, en unas vacaciones me encontré con Eddie
reducido a escombros:
descalzo, gordo, con una gordura enfermiza, renegrido de sol callejero
Los jeans en harapos
acalambrado, como una ciudad o zona alambrada
peligrosa de penetrar,
llena de desolación/cargada de furia
dispuesto a levantar en vertical sobre las nubes
a un azul triste de cielo inexistente
-¿Droga, hongos alucinógenos, cocaína, psicotrópicos?
¿Quién atravesó tu barrera homeostática
y perdistes la cabeza girando al compás de Pink Floyd?
En ascenso vertical
que no aterrizastes en Managua
y fuistes a parar a Miami desde donde tuvieron que repatriarte
La tere, mi madre, quien te amaba tanto como a mí
me han contado todos los padecimientos:
citas al médico: inyecciones, pastillas....
pero nada.
Nunca consiguieron fijarte la cabeza en el cuello,
tus fugas del Hospital psiquiátrico
las temporadas en la clínica.
Desnudo en plena calle
Caminabas en pelotas muy campante
Con la frente y la nariz en alto
espantando la aldea
él de lo mas inocente.
Furias
gritos del infierno.
Cuántas veces volvía
los domingos a visitar a mi madre
Eddie me esperaba para pedirme 5 pesos:
cigarros y una COCA-COLA gigante.
Nunca olvidó mi nombre.
Nunca dejamos de conversar
otras veces me desconocía
como si no nos hubiéramos bachillerado
olvidó por completo a Carmen María
como si con la música de PinkFloyd
la hubiera raptado a un cielo rosa
a un cielo azul.
A través de nubes blancas
a través de una alta tristeza.
Alguna vez hablámos como cuando jugábamos de niños.
Con sus hermanos en el parque de Masaya...
Las venas y arterias de su cerebro
un día no soportaron la intensidad del vuelo
y reventaron
y tuvieron que internarlo en una sala de Cuidados Intensivos
Rapado regresó, no sé si muerto ya
Estuve contemplándolo:
divisándolo muchachito,
recordando cómo era el anillo de bachillerato
que yo no quise conservar
y se lo obsequié a Cecilia
El tinto español y la alegría
La bailada que dimos con el coro de muchachas que daba vuelta al mundo.
Pero esa vez no hablamos
todo fue silencio
Como si el rock de los Pink Floyd hablara
No me pidió para cigarros ni COCA-COLA
Ya te aburrirás de fumar, Eddie,
Los dedos y los dientes se te limpiarán de nicotina
porque allí donde te subió la música
(no quiero decir el Seno del Padre para no parecer cursilón)
Se te acabará la sed,
Porque allí las COCA COLA
O las PEPSI COLA son enormes de la tierra al cielo
BIG COCA COLA/BIG PEPSI COLA
Infinitamente colmada la sed/con una bebida
con una música superior a la de Pink Floyd, Infinitamente
Managua, Mayo de 2004
y se me resbala y salta.
La foto de Eddie/ tamaño pasaporte
acaso con la que alguna vez solicitó visa para un viaje
o para un vuelo en vertical
ascendiendo nubes
tomando altura
Mi compañerito de bachillerato,
buen alumno en matemáticas, física y quimica,
con las que yo nunca pude.
Él subió con sus padres al estrado del Colegio
a recibir el diploma y el anillo de graduación.
Novio de Camen María
que no fue novia mía por que me daba pereza hablarle
y prefería ir me a conversar de literatura
y beber ron o cerveza con Cajina-Vega y Fanor.
Eddie y yo celebramos una vez más mi cumpleaños solos
Bebiendo tintos españoles
en las verbenas de agosto
y bailamos ebrios con unas muchachas
más alegres que nuestra alegría
Íbamos en vuelta vertical
ascendiendo sobre las nubes
a miles de pies de altura
Eddie voló al Brasil, no sé si Curitiba o Sao Paulo
Y yo viajé a México, D.F.
A mi me gustaba la música de los Beatles
y a Eddie la de Pink Floyd
Años después, en unas vacaciones me encontré con Eddie
reducido a escombros:
descalzo, gordo, con una gordura enfermiza, renegrido de sol callejero
Los jeans en harapos
acalambrado, como una ciudad o zona alambrada
peligrosa de penetrar,
llena de desolación/cargada de furia
dispuesto a levantar en vertical sobre las nubes
a un azul triste de cielo inexistente
-¿Droga, hongos alucinógenos, cocaína, psicotrópicos?
¿Quién atravesó tu barrera homeostática
y perdistes la cabeza girando al compás de Pink Floyd?
En ascenso vertical
que no aterrizastes en Managua
y fuistes a parar a Miami desde donde tuvieron que repatriarte
La tere, mi madre, quien te amaba tanto como a mí
me han contado todos los padecimientos:
citas al médico: inyecciones, pastillas....
pero nada.
Nunca consiguieron fijarte la cabeza en el cuello,
tus fugas del Hospital psiquiátrico
las temporadas en la clínica.
Desnudo en plena calle
Caminabas en pelotas muy campante
Con la frente y la nariz en alto
espantando la aldea
él de lo mas inocente.
Furias
gritos del infierno.
Cuántas veces volvía
los domingos a visitar a mi madre
Eddie me esperaba para pedirme 5 pesos:
cigarros y una COCA-COLA gigante.
Nunca olvidó mi nombre.
Nunca dejamos de conversar
otras veces me desconocía
como si no nos hubiéramos bachillerado
olvidó por completo a Carmen María
como si con la música de PinkFloyd
la hubiera raptado a un cielo rosa
a un cielo azul.
A través de nubes blancas
a través de una alta tristeza.
Alguna vez hablámos como cuando jugábamos de niños.
Con sus hermanos en el parque de Masaya...
Las venas y arterias de su cerebro
un día no soportaron la intensidad del vuelo
y reventaron
y tuvieron que internarlo en una sala de Cuidados Intensivos
Rapado regresó, no sé si muerto ya
Estuve contemplándolo:
divisándolo muchachito,
recordando cómo era el anillo de bachillerato
que yo no quise conservar
y se lo obsequié a Cecilia
El tinto español y la alegría
La bailada que dimos con el coro de muchachas que daba vuelta al mundo.
Pero esa vez no hablamos
todo fue silencio
Como si el rock de los Pink Floyd hablara
No me pidió para cigarros ni COCA-COLA
Ya te aburrirás de fumar, Eddie,
Los dedos y los dientes se te limpiarán de nicotina
porque allí donde te subió la música
(no quiero decir el Seno del Padre para no parecer cursilón)
Se te acabará la sed,
Porque allí las COCA COLA
O las PEPSI COLA son enormes de la tierra al cielo
BIG COCA COLA/BIG PEPSI COLA
Infinitamente colmada la sed/con una bebida
con una música superior a la de Pink Floyd, Infinitamente
Managua, Mayo de 2004
jueves, 5 de julio de 2012
NOCTURNO DE LAS MICCIONES NOCTURNAS
Nunca o casi nunca me desperté
con las sábanas remojadas.
El charco de orines en la oscurana.
Ni mi cuna ni mi cama de barandas
exhalaron el amoníaco empozado
de las habitaciones infantiles.
De joven iba al baño,
antes de echarme sobre el colchón,
sobre el piso de mi departamento
solitario en la inmensa ciudad solitaria
y dormía hasta de día y sin querer.
Ahora que duermo acompañado de la mujer
medio duermo
y cuando duermo íngrimo, no duermo.
Me despierto tres o cuatro veces
urgido por mear y orino vigorosamente
un chorro recio, espumoso, nervioso
y en el silencio de la noche o de la madrugada
me oigo como grifo mal cerrado en el descuido diario,
que pasa abierto toda la noche
y al amanecer toda la casa está anegada.
El universo
me provoca una incontenible necesidad de orinar
y las ganas no me dejan dormir
y si duermo los males y los malos me suben por el sueño,
se confabulan, me espían, giran, dan vueltas,
se agazapan en una esquina y están de vuelta.
La paso tenso como una cuerda topada.
Una de las señales inequívocas de la vejez
son las frecuentes micciones nocturnas.
Ya estoy viejo
un viejo que ante el día animal, amenazante,
se levanta temprano sólo para orinar
miércoles, 4 de julio de 2012
Nota roja 15 días después del 1° de Enero
Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿Qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?.,.
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
Y a falta de victorias busquemos los halagos
Rubén Darío
Hace 41 años como hoy sábado fue jueves
…el tiempo, el tiempo, el tiempo…
Tres guerrilleros y uno de ellos, poeta, 20 años no cumplidos
Parecían un ejército formado en batalla
Disparando frenética y acosados ya por las ventanas
de un segundo piso
o desde el primer piso.-
Cementerio oriental BARBERIA MEXiCO,
después del medio día en una Managua enloquecida por la ventolera.
Qué vitalidad, que certeza de vida, de otra vida y otro mundo,
pero aquí entre la Bolívar y el Amor,
entre la 15 de septiembre y la Esperanza
entre Acahualinca
y la Calle del Triunfo y la Calle Colón y nosotros
No temían a las trompas frías y aceradas de los Garand
Ni a las tanquetas
Ni al helicóptero artillado que ametrallaba
En los últimos momentos,
quizá en el último,
Un instante antes
del asalto
Un magna voz de la GN conminaba a la rendición
(ya sólo se oía dentro de la casa uno, tal vez otro tiro)
Y seguramente fue su voz que refutó con toda la vida:
¡Que se rinda tu madre!
Y no se rindieron. Salieron arrastrados de los pies
y los tiraron en un camión de volquete, muertos,
Pero vivos, fragantes a sangre, a sudor, a jadeo…
...El tiempo, el tiempo, el tiempo…
Ahora, un poeta de 33 años con todos los halagos y las rosas,
Esperó las ráfagas de las 12 am más frías
(entre el tiempo que pasa de un tiempo a otro,
de un año a otro, entre pólvora, brindis, hoteles en fiesta,
rifas, serpentinas, oportunidades,
largas orinadas o charcos de champán,
felicitaciones, abrazos, besos labiales y telefónicos,
celulares,
y demás necedades).
Se subió a la mesa. Tiró la sondaleza en el perlín
y se la colocó al cuello y le patió con furia el culo al mundo,
como quien golpea el trasero a la frágil esposa de 4 meses de preñez
para que lo abortara a sí mismo
…El tiempo, el tiempo, el tiempo…
Cómo gira el mundo al revés
Este es el héroe que hoy se llora
por el que se rasgan las vestiduras
Por el que se bañan de ceniza de pies a cabeza.
Déjenme lugar para alguna tristeza y no estar de acuerdo.
Managua, 15 de enero 2011
¿Qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?.,.
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
Y a falta de victorias busquemos los halagos
Rubén Darío
Hace 41 años como hoy sábado fue jueves
…el tiempo, el tiempo, el tiempo…
Tres guerrilleros y uno de ellos, poeta, 20 años no cumplidos
Parecían un ejército formado en batalla
Disparando frenética y acosados ya por las ventanas
de un segundo piso
o desde el primer piso.-
Cementerio oriental BARBERIA MEXiCO,
después del medio día en una Managua enloquecida por la ventolera.
Qué vitalidad, que certeza de vida, de otra vida y otro mundo,
pero aquí entre la Bolívar y el Amor,
entre la 15 de septiembre y la Esperanza
entre Acahualinca
y la Calle del Triunfo y la Calle Colón y nosotros
No temían a las trompas frías y aceradas de los Garand
Ni a las tanquetas
Ni al helicóptero artillado que ametrallaba
En los últimos momentos,
quizá en el último,
Un instante antes
del asalto
Un magna voz de la GN conminaba a la rendición
(ya sólo se oía dentro de la casa uno, tal vez otro tiro)
Y seguramente fue su voz que refutó con toda la vida:
¡Que se rinda tu madre!
Y no se rindieron. Salieron arrastrados de los pies
y los tiraron en un camión de volquete, muertos,
Pero vivos, fragantes a sangre, a sudor, a jadeo…
...El tiempo, el tiempo, el tiempo…
Ahora, un poeta de 33 años con todos los halagos y las rosas,
Esperó las ráfagas de las 12 am más frías
(entre el tiempo que pasa de un tiempo a otro,
de un año a otro, entre pólvora, brindis, hoteles en fiesta,
rifas, serpentinas, oportunidades,
largas orinadas o charcos de champán,
felicitaciones, abrazos, besos labiales y telefónicos,
celulares,
y demás necedades).
Se subió a la mesa. Tiró la sondaleza en el perlín
y se la colocó al cuello y le patió con furia el culo al mundo,
como quien golpea el trasero a la frágil esposa de 4 meses de preñez
para que lo abortara a sí mismo
…El tiempo, el tiempo, el tiempo…
Cómo gira el mundo al revés
Este es el héroe que hoy se llora
por el que se rasgan las vestiduras
Por el que se bañan de ceniza de pies a cabeza.
Déjenme lugar para alguna tristeza y no estar de acuerdo.
Managua, 15 de enero 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)